Caso

Programa de fidelización para tostaderos de café: cómo hacer que el paquete de grano se compre siempre en el mismo lugar

Granos de café recién tostados giran en la bandeja de enfriamiento de una máquina tostadora

7 min de lectura

Un tostadero vende dos cosas al mismo cliente: el café de la barra y el paquete de grano para la casa, y casi nunca sabe que es la misma persona. Esta nota recorre cómo se compra en un tostadero, qué perfiles sostienen el negocio y qué mecánicas de fidelización hacen que el grano se reponga siempre en el mismo lugar.

El que toma el cortado en la barra tres veces por semana y el que compra un cuarto de grano cada tanto pueden ser la misma persona, y el tostadero no tiene forma de saberlo. Cuando esa persona empieza a comprar el grano en otro lado, lo único que se nota es que la barra sigue igual y el paquete se vende un poco menos.

Un tostadero compite en dos canchas a la vez: la del café al paso y la del café de la casa. En la primera, la cafetería de la esquina está a mano. En la segunda, hay otros tostaderos con envío y paquetes en la góndola del supermercado. Un programa de fidelización sirve para que las dos compras queden a nombre de la misma persona y para que reponer el paquete en el mismo lugar tenga algo que ganar.

Cómo se compra en un tostadero

Hay dos ritmos de compra que conviven en el mismo local. La barra es frecuente y de ticket bajo: el café de la mañana, el de la tarde, algo para acompañar. El grano es menos frecuente y de ticket más alto: un paquete que dura lo que tarda la casa en terminarlo y que, cuando se acaba, se repone. Ese momento de reposición es el que decide si el cliente vuelve o prueba otro.

Muchos tostaderos venden además por su tienda online, con envío. Ahí compra el que vive lejos del local, el que no tiene tiempo de pasar y el que manda café de regalo. El año tiene sus picos: las fiestas de fin de año y fechas como el Día del Padre concentran compras para regalar, y con ellas llega mucha gente que todavía no conoce la marca.

Quiénes compran

El de la barra. Viene varias veces por semana, conoce al barista y pide casi siempre lo mismo. Muchas veces no sabe que el tostadero vende el grano que está tomando, o nunca se lo ofrecieron.

El de la casa. Tiene su molinillo o su cafetera y repone el paquete cada tanto. Es el cliente de mayor valor a lo largo del año y el más expuesto a que una promo de otro tostadero le cambie la costumbre.

El que compra online. No pisa el local o lo pisa poco. Compra por la web, recibe en su casa y su relación con la marca pasa por el paquete y los mensajes.

El curioso de los orígenes. Quiere probar el microlote nuevo, el proceso distinto, la variedad que entró esa semana. Compra menos cantidad de cada uno, pero es el que más habla del lugar y el que más gente trae.

El que regala. Aparece en las fechas especiales y compra varios paquetes. Pone tu café en la mesa de gente que no te conoce.

Las mecánicas que le calzan a un tostadero

Un solo saldo para la barra, el local y la web

Si la barra y el grano no quedan a nombre de la misma persona, el programa ve dos clientes chicos donde hay uno grande. Con una app de fidelización con la marca del tostadero, al miembro se lo identifica por DNI en caja: lo dice al pagar el café o el paquete y la compra queda registrada.

Si la tienda online está en Tiendanube, el programa vive también ahí, dentro de la tienda, y el mismo miembro suma cuando compra por la web. El cortado del martes, el paquete del sábado y el envío de diciembre terminan en el mismo saldo.

Que la barra lleve al paquete

El cliente de la barra ya eligió tu café; falta que lo lleve a su casa. Un premio en grano para quien junta cafés en la barra, por ejemplo un paquete chico del café que toma siempre, es la forma más directa de que pruebe el producto de la casa sin que nadie le venda nada.

Del otro lado funciona igual: el que compra grano puede canjear un café en la barra, y así el cliente online tiene una razón para conocer el local.

Premios que salen del tostadero

Los mejores premios de un tostadero son su propio café. Un paquete de un origen que el miembro no probó, la molienda a medida, una bolsa de un microlote o un accesorio para preparar en casa. Valen mucho para el cliente y cuestan menos de lo que valen para el negocio.

El premio que mejor funciona es el que hace probar algo nuevo: el cliente de un solo origen descubre otro y el tostadero aprende qué le gusta para recomendárselo después.

Acceso anticipado a los microlotes

Cuando entra un lote chico, hay miembros que lo quieren antes de que se agote. Avisarles primero a los de nivel más alto, o guardarles una parte, es un beneficio que no cuesta nada y que la góndola del supermercado no puede dar.

Las catas y las presentaciones de un origen nuevo entran en la misma lógica: un lugar reservado para los miembros que más compran vale más que un descuento.

Un nivel que se mantiene reponiendo

El nivel tiene que premiar al que sigue volviendo, no al que hizo una compra grande una vez. Si el nivel más alto se sostiene con compras de grano a lo largo del período, el cliente de la casa tiene una razón concreta para no irse al paquete de la promo ajena.

Los beneficios del nivel pueden ser más puntos por compra, el acceso anticipado y prioridad en los encargos de las fiestas.

El paquete que se regala como canal de referidos

Mucha gente conoce un tostadero porque alguien le regaló un paquete o le sirvió ese café en su casa. Ese boca a boca ya existe; el programa sirve para que quede registrado y tenga premio.

La mecánica que mejor anda es la de beneficio doble: quien invita suma puntos cuando el invitado hace su primera compra como miembro, y el invitado arranca con un beneficio de bienvenida chico, como un café en la barra o un descuento en su primer paquete. En las fechas de regalo, una invitación al club dentro del paquete convierte al que recibe en un posible cliente.

Darse cuenta de quién dejó de reponer

El cliente del grano no avisa cuando se va: simplemente no vuelve cuando se le termina el paquete. Con las compras identificadas, el programa ve cada cuánto compra cada miembro y a quién se le pasó la fecha de siempre.

Ahí la segmentación hace el trabajo: los miembros que dejan de comprar pasan a otro segmento y reciben un mensaje por WhatsApp o por email, escrito en la voz del tostadero, con su saldo, con lo que pueden canjear o con el origen que está saliendo esa semana. Para alguien que reponía siempre en el mismo lugar, un recordatorio a tiempo suele alcanzar.

Preguntas frecuentes

¿Sirve un programa de fidelización en un tostadero de café?

Sí, porque el negocio vive de la reposición: el mismo cliente comprando el paquete una y otra vez, y el mismo cliente pasando por la barra. El programa no reemplaza la calidad del café, deja registrada esa costumbre y le suma algo que se pierde si el cliente se cambia de tostadero.

¿Conviene una suscripción de café o un programa de puntos?

No son excluyentes. La suscripción resuelve al cliente que quiere recibir siempre lo mismo sin pensar; el programa reconoce a todos los demás, incluido el que compra en la barra y el que prefiere elegir cada vez. Si tenés suscripción, conviene que el suscriptor también sea miembro y sume por lo que compra.

¿Qué premios funcionan en un tostadero?

Los que salen del propio tostadero: un paquete de un origen nuevo, un microlote, la molienda a medida, un accesorio para preparar en casa o un café en la barra. Para los miembros que más compran, el acceso anticipado a los lotes chicos y un lugar en las catas.

¿El café de la barra tiene que sumar igual que el paquete de grano?

Conviene que los dos sumen al mismo saldo, aunque no necesariamente con la misma regla. La barra trae frecuencia y el grano trae ticket; lo importante es que el cliente vea que las dos compras lo acercan al mismo premio, y que la barra le muestre el camino hacia el paquete.

En esta nota

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  • reposición del paquete de café
  • microlotes y orígenes

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