Caso

Programa de fidelización para bares y cervecerías: cómo llenar la semana y no sólo el viernes

Un chopp de cerveza roja sobre una barra de madera, con las canillas desenfocadas de fondo

7 min de lectura

Un bar o una cervecería se llena el fin de semana y pelea cada martes por tener mesas ocupadas, con clientes que eligen en grupo y cambian de lugar con facilidad. Esta nota es cómo armar un programa de fidelización para un bar: el ciclo de visita, los perfiles, las mecánicas que le calzan y cómo usar al grupo como canal.

Un bar tiene dos negocios distintos en la misma semana. De jueves a sábado, el problema es atender a toda la gente que llega. De domingo a miércoles, el problema es que llegue alguien.

Y el cliente de un bar es de los menos fieles de la gastronomía. Sale en grupo, el lugar lo decide quien propone en el chat, y la cuadra suele tener varias opciones parecidas. Que alguien haya pasado una buena noche en tu local no garantiza que vuelva: garantiza, como mucho, que lo considere la próxima vez.

Un programa de fidelización sirve para dos cosas concretas: saber quiénes son los que vuelven, y tener con qué empujar los días en que el salón queda vacío.

Cómo es la visita a un bar

El ciclo es semanal y está partido en dos. Los días fuertes se llenan solos y ahí el programa no tiene que convencer a nadie de salir, sino de que la salida sea en tu local. Los días flojos, en cambio, dependen de una excusa: el after office, un partido, una fecha especial o un beneficio que haga que valga la pena salir un martes.

La decisión casi nunca es individual. Se toma en un grupo de WhatsApp, entre tres o cuatro propuestas, y gana el lugar que alguien defiende con un motivo concreto. El programa tiene que darle ese motivo al que propone.

Hay además un componente de identidad que pocos rubros tienen: la gente habla de su bar. Esa pertenencia, bien trabajada, vale más que cualquier descuento.

Los perfiles que pasan por la barra

El habitué. Viene seguido, conoce al equipo y tiene su lugar. Es el más valioso y el que menos necesita un descuento; lo que lo retiene es el reconocimiento.

El organizador. Es quien propone el lugar en el grupo. Trae a cuatro o cinco personas cada vez, y su lealtad vale por toda la mesa.

El de after office. Trabaja cerca y sale después del horario laboral, sobre todo de semana. Es el que puede llenar los días flojos.

El ocasional. Viene por un cumpleaños, un partido o una recomendación. No va a ser habitué, pero puede volver para la próxima fecha si sabe que existe el club.

Las mecánicas que le calzan a un bar

Identificación por DNI en caja, sin frenar la barra

En un bar lleno, cualquier paso extra al pagar se saltea. Con una app de marca propia, al miembro se lo identifica por DNI en caja, en el mismo momento en que paga, sin tarjetas de sellos ni códigos que buscar con poca luz y el celular en la otra mano.

Conviene que el punto se cargue sobre la cuenta completa de quien paga y no por consumición, porque en una mesa de grupo lo habitual es que pague uno o que se divida al final.

Puntos extra en los días que menos se vende

La palanca más directa del programa es mover visitas hacia los días flojos. Puntos dobles de lunes a miércoles le dan al after office una excusa para elegirte, sin bajar el precio de la carta ni competir con la promo de enfrente.

Conviene rotarla. Si el beneficio queda fijo todos los martes del año, termina siendo un descuento para quien iba a venir igual y deja de mover a nadie nuevo.

Premios que se comparten en la mesa

En un bar casi nadie consume solo. Un catálogo con premios para compartir, como una picada, una ronda o una entrada para la mesa, hace que el canje se vea delante del grupo y que el miembro quede como quien trajo algo.

Ese momento es publicidad gratis: el resto de la mesa ve que el programa existe y que da premios concretos, y es la mejor ocasión para que se sumen.

Niveles para el habitué

El cliente más fiel de un bar no quiere un descuento, quiere que lo traten como de la casa. Un nivel alto con beneficios que no son plata, como reservar mesa en las noches llenas, probar antes las cervezas o los platos nuevos, o una invitación a un evento cerrado, le da justo eso.

Además resuelve un problema operativo: en las noches de mucha demanda, la prioridad para los miembros de nivel alto es una forma ordenada de cuidar a los que vuelven todas las semanas.

Fechas con nombre propio

Los partidos, el aniversario del bar, el lanzamiento de una cerveza nueva o el cumpleaños del miembro son excusas que ya existen. El programa las convierte en motivos para volver: puntos extra esa noche, un desafío por asistir a varias fechas seguidas, o un mensaje por WhatsApp unos días antes a quienes vinieron la última vez.

Con la segmentación, ese aviso va a quienes tienen sentido y no a toda la base: al que viene a ver partidos, el fixture; al habitué, el lanzamiento; al que hace semanas que no aparece, una razón para volver.

El organizador como canal de referidos

En un bar el referido no es una persona, es una mesa. Quien organiza la salida decide dónde van cuatro o cinco personas, y si esas personas se suman al club, el bar pasa a ser el lugar del grupo y no el de uno solo.

La mecánica que mejor anda es de beneficio doble: el que invita suma puntos cuando el invitado hace su primera visita como miembro, y el invitado arranca con un premio chico de bienvenida. Se explica en la mesa en una frase, y el momento ideal es cuando alguien canjea un premio delante de todos.

Premiar la visita, no la cantidad

Un programa de bar conviene que premie la frecuencia y no el volumen de alcohol de una sola noche. Además de lo que pueda pedir la normativa local, un sistema que da más puntos por tomar más en una visita atrae al cliente equivocado y le da al bar un problema que no necesita.

Las mecánicas de arriba ya van en esa dirección: puntos por visita y por cuenta, premios para compartir con comida, niveles por constancia. Es lo que construye un habitué, que es lo que el bar realmente quiere.

Preguntas frecuentes

¿Sirve un programa de fidelización en un bar donde la gente va en grupo?

Sí, siempre que lo pienses para el grupo. Los premios para compartir y el referido con beneficio doble convierten al organizador en el que propone tu bar, y cada canje en la mesa es la mejor ocasión para que se sumen los demás.

¿Cómo lleno los días flojos sin hacer promos de dos por uno?

Con puntos extra en esos días en lugar de bajar el precio, y con fechas que ya existen, como partidos o lanzamientos, avisadas a quienes tienen interés. Conviene rotar los beneficios para que no se vuelvan un descuento fijo.

¿Cómo se suma la gente sin frenar la barra en una noche llena?

Con identificación por DNI en caja, en el mismo momento en que se cobra. Si sumarse o identificarse pide más que unos segundos, en una noche de mucha gente nadie lo va a hacer.

¿Qué premios funcionan en una cervecería?

Los que se comparten y se ven en la mesa, como una picada o una ronda, y para los habitués los beneficios que no son plata: reservar en las noches llenas, probar antes lo nuevo o una invitación a un evento cerrado.

En esta nota

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  • días flojos del bar

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