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Programa de fidelización para vinotecas: cómo pasar de la botella para regalar a la compra de todos los meses

Una mesa larga de madera con banquetas frente a una pared iluminada llena de botellas de vino acostadas

7 min de lectura

Una vinoteca vende mucho para regalar y para ocasiones, y poco a la gente que toma vino todas las semanas y lo compra en el súper. Esta nota es cómo armar un programa de fidelización para el rubro, con mecánicas para el que regala, el que toma seguido y el que quiere probar cosas nuevas.

Una vinoteca tiene picos muy marcados: diciembre, el Día del Padre, los fines de semana largos, cada cumpleaños de alguien que entra a buscar "algo lindo para llevar". En esas fechas el local se llena de gente que no sabe qué elegir, se deja aconsejar y se va contenta. El resto del año, muchas de esas personas compran el vino de todos los días en otro lado.

El problema no es que no vuelvan, es que la vinoteca no sabe quiénes eran. El que vino a comprar un regalo en diciembre y le gustó cómo lo atendieron no deja ningún rastro, y el que pasa todos los jueves a llevarse dos botellas es para el sistema igual que cualquiera. Un programa de fidelización sirve para que esa relación quede registrada y para darle a cada uno un motivo distinto para volver.

Cómo se compra en una vinoteca

En una vinoteca se compra consejo, no sólo botellas. La gente entra porque quiere que alguien le recomiende, y eso es lo que el súper no le da. Es también lo que hace que el cliente se ate a una persona del mostrador más que al local, y que cuando esa persona no está, la relación se corte.

La compra se mueve entre dos extremos. Por un lado, la ocasión: el regalo, la cena con amigos, la caja para un evento, con ticket alto y poca frecuencia. Por el otro, la reposición: las botellas para la semana, con un ticket más chico y una frecuencia que podría ser de todos los meses o más. La mayoría de las vinotecas vive de la primera y tiene la segunda a medio conquistar.

Muchas, además, venden por su tienda online, con envío a domicilio o retiro en el local. Es el canal natural para la reposición, y conviene que el mismo miembro sume igual en el mostrador que en la web.

Quiénes compran

El que regala. No sabe mucho de vino y no le interesa aprender: quiere quedar bien. Compra pocas veces al año, pero en todas las fechas importantes, y si confía en la recomendación vuelve a la misma vinoteca cada vez que tiene que llevar algo.

El de todas las semanas. Toma vino en casa, tiene dos o tres etiquetas de cabecera y un rango de precio que no supera. Es el cliente más valioso y el que más fácil se pierde, porque esas mismas botellas las encuentra en cualquier lado.

El curioso. Le gusta probar cosas nuevas, pregunta por bodegas chicas y cepas que no conoce, y se entusiasma con lo que llegó. Gasta más por botella que el de todas las semanas y es el que mejor responde a una buena recomendación.

El de los eventos. Compra por caja para un cumpleaños, un casamiento o un fin de año de la empresa. Aparece una o dos veces al año con un pedido grande y casi nunca nadie lo vuelve a contactar.

Las mecánicas que le calzan a una vinoteca

Identificación por DNI en caja

En el mostrador, el programa no puede sumarle un trámite a una compra que ya lleva su tiempo de charla. Con la app white-label de la vinoteca, al miembro se lo identifica por DNI cuando paga, y la compra queda en su ficha junto con las que hace por la tienda online. Así la vinoteca empieza a saber qué lleva cada uno, que es justamente lo que necesita para recomendar.

La recomendación como beneficio

Lo que el cliente valora de una vinoteca es que alguien lo conozca. Cuando sus compras quedan registradas, la recomendación deja de depender de la memoria de una sola persona del mostrador y puede seguir la línea de lo que ya le gustó. En la tienda online pasa lo mismo: las recomendaciones con IA le muestran a cada miembro etiquetas parecidas a las que ya compró. Para el de todas las semanas, eso es lo que el súper nunca le va a dar.

Un nivel con acceso a lo que llega

Para el curioso, el mejor premio no es un descuento: es enterarse primero. Que los miembros del nivel más alto sepan antes que nadie cuándo llega una partida chica, puedan reservar botellas de una etiqueta escasa o tengan lugar en una degustación, si la vinoteca las organiza, son beneficios que cuestan poco y que para ese perfil valen mucho más que un porcentaje.

Puntos que vuelven en la fecha que importa

Al que regala hay que hablarle unas semanas antes de cada fecha, no el mismo día. Si sus puntos se pueden usar en la próxima compra para regalo, y el programa le avisa antes de diciembre o del Día del Padre cuánto tiene y qué le recomiendan, la vinoteca deja de esperar que se acuerde y pasa a ser la primera opción cuando tenga que llevar algo.

Premios que no empujan a tomar más

En un rubro de bebidas alcohólicas conviene que el programa premie la elección y no el volumen. Premios como copas, un sacacorchos, un decantador o una botella de una etiqueta que la persona no probó funcionan mejor que una mecánica del tipo "comprá más botellas para ganar más". Y como la venta de alcohol a menores de 18 está prohibida, conviene que el club deje claro desde el alta que es sólo para mayores de edad.

El pedido para un evento como puerta de entrada

El pedido grande es la mejor oportunidad para sumar a alguien al club, y casi siempre se desaprovecha. Quien compra por caja para un evento suele dejar sus datos para la entrega o la factura, y con eso alcanza para invitarlo a sumarse al club después de la entrega.

A partir de ahí, la relación cambia: ese cliente ya no aparece una vez por año, recibe una recomendación cuando llega algo nuevo y tiene un motivo para volver antes del próximo evento. Y si el evento fue de una empresa, el siguiente fin de año la vinoteca ya está en la lista.

Darse cuenta de quién dejó de venir

El de todas las semanas que deja de aparecer no se nota en el mostrador, sobre todo si el que lo atendía ya no está. Con las compras registradas, la vinoteca ya no depende de la memoria de una persona.

La segmentación RFM ordena a los miembros en grupos como Leales, Necesitan atención o En riesgo, y la IA escribe los mensajes en la voz de la vinoteca para que salgan por email o WhatsApp. A alguien que compraba seguido y hace un tiempo no viene, contarle qué llegó en la línea de lo que le gusta suele funcionar mejor que cualquier promo.

Preguntas frecuentes

¿Conviene un club de vinos por suscripción o un programa de puntos?

No son excluyentes, pero le hablan a gente distinta. La suscripción le sirve al que quiere que alguien elija por él todos los meses; el programa de puntos reconoce a todos los que compran, también al que regala y al que viene cuando quiere. Para la mayoría de las vinotecas, el programa es la base y la suscripción, si existe, se suma como un beneficio más.

¿Cómo hago para que el que compró un regalo vuelva?

Sumándolo al club en esa compra y hablándole antes de la próxima fecha. El que regala no vuelve por un descuento: vuelve porque confió en la recomendación y porque la vinoteca le recuerda que existe cuando tiene que llevar algo.

¿Qué premios funcionan en una vinoteca?

Los que tienen que ver con elegir mejor: acceso anticipado a lo que llega, reservar etiquetas escasas, lugar en una degustación, accesorios como copas o un decantador. Conviene evitar las mecánicas que premian comprar más cantidad, porque en bebidas alcohólicas no es el mensaje que quiere dar ninguna marca.

¿Sirve si vendo en el local y también por la tienda online?

Sirve más. Con la app white-label al miembro se lo identifica por DNI en el mostrador, y sus compras online quedan en la misma ficha. Así la vinoteca ve la relación completa, y la recomendación que le hacen en el local sigue en la web.

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