Estrategia

Cómo usar tu programa de fidelización para mover el stock que no rota, sin liquidarlo

Estanterías de un depósito con cajas apiladas y mercadería ordenada por nivel

9 min de lectura

Cuando hay mercadería parada, el reflejo es descontar. Funciona una vez y deja tres problemas atrás: margen quemado, un precio de referencia más bajo y compradores entrenados para esperar la próxima liquidación. Un programa de fidelización permite mover ese mismo stock usando puntos, canjes y umbrales de carrito, sin tocar el precio de lista ni enseñarle a nadie a comprar en oferta.

Hay una escena que se repite en toda marca con volumen: alguien de compras abre la planilla, mira las unidades de una categoría que quedó de la temporada pasada, calcula cuánto capital hay ahí parado y propone lo único que parece resolverlo rápido. Un treinta por ciento off. Si no sale, cuarenta.

El descuento mueve la mercadería, eso no está en discusión. El problema es lo que deja: el margen se fue entero, el producto quedó registrado en la cabeza del comprador a un precio más bajo que el real, y una parte de tu base aprendió algo que después es carísimo desaprender, que es que si esperan, baja.

Un programa de fidelización sirve para exactamente este trabajo, y es de los usos que menos se aprovechan. Te deja poner un incentivo fuerte sobre un producto específico, mostrárselo solamente a la gente que corresponde y hacerlo sin que el precio público se mueva un peso.

Por qué el descuento es la salida más cara

Un descuento tiene tres costos y en general se contabiliza uno solo.

El primero es el obvio: el margen que resignás en cada unidad. Ese está en la planilla y todo el mundo lo ve.

El segundo es el precio de referencia. El comprador que vio tu producto a cuarenta por ciento menos ya no lo va a volver a valuar en lo que vale: fijó el otro número como el precio verdadero y el de lista como el precio inflado. Eso te complica no solamente ese artículo sino la percepción de toda la línea, y en marcas con presencia física y online el efecto se multiplica porque el precio bajo queda circulando.

El tercero es el que menos se mide y el que más duele: el descuento no discrimina. Se lo lleva igual el que iba a comprar de todas formas a precio lleno (a ese le regalaste margen puro) y el cazador de promociones, que compra una vez, no vuelve hasta la liquidación siguiente y no tiene ninguna intención de convertirse en cliente. Terminás pagando para retener a quien no se iba y para atraer a quien no se queda.

El programa de fidelización resuelve las tres cosas de la misma manera: el incentivo no está en el precio, está en el beneficio; no lo ve todo el mundo, lo ve el segmento que elegiste; y el que lo usa queda identificado, así que sabés a quién le diste qué y podés medir si volvió.

Qué stock se puede mover así y cuál no

Antes de elegir la mecánica hay que ser honesto sobre por qué ese producto no se vende, porque no todos los casos se arreglan con el programa.

Se mueve muy bien el producto que está parado porque nadie lo vio. Quedó en la tercera fila del listado, se lanzó en una semana con mucho ruido de otra cosa, no entró en ninguna campaña. Es buen producto, tiene margen y sólo le falta llegar a la persona correcta. Acá el programa es la herramienta ideal, porque lo que necesita es distribución dirigida y no rebaja.

Se mueve bien el producto que es difícil de entender. Un formato nuevo, una variante técnica, algo que hay que probar para valorar. El punto o el canje bajan la barrera de la primera prueba sin bajar el precio, que es justamente lo que querés en un producto que después se recompra a precio lleno.

Se mueve con cuidado el residual de talles y colores. Cuando quedan las puntas de una curva, el programa ayuda a colocarlas pero conviene no ponerlas como premio estrella, porque el miembro que canjea un talle imposible se lleva una mala experiencia y aprende a desconfiar del catálogo.

No se mueve, y no hay que intentarlo, la mercadería mal comprada. Si el producto está parado porque el precio está fuera de mercado, porque la calidad no da o porque es un fin de ciclo real, ninguna mecánica de fidelización lo va a salvar. Ahí lo que corresponde es la liquidación asumida, y meterla adentro del programa sólo contamina el programa.

Las cinco palancas, de la más suave a la más agresiva

Van de menor a mayor costo. En general conviene empezar por arriba y bajar solamente si el stock no se movió, porque cada escalón resigna un poco más de margen.

Puntos multiplicados por categoría y con fecha de corte

Es la palanca más barata y la primera que hay que probar. Durante diez días, esa categoría acumula tres veces los puntos. El precio no se toca, el producto no se anuncia como saldo y el que compra siente que hizo un buen negocio igual.

Lo que estás haciendo, en números, es entregar un beneficio futuro que además está sujeto a que la persona vuelva a canjearlo, en lugar de resignar caja hoy. El costo real es una fracción del descuento equivalente, incluso contando el saldo que efectivamente se usa.

La fecha de corte no es un detalle: sin una fecha, el multiplicador deja de ser un motivo para comprar esta semana y pasa a ser una condición permanente que nadie registra.

El producto parado entra al catálogo de premios

Poner esa mercadería como opción de canje cambia por completo la aritmética. El producto sale del depósito y a vos te cuesta lo que costó producirlo o comprarlo, no lo que vale en la góndola, mientras que el miembro lo recibe valuado a precio de lista. Es la única forma de mover stock en la que lo que el cliente percibe vale bastante más que lo que a vos te sale.

Además ordena algo que suele estar desordenado: el saldo de puntos que está dando vueltas sin canjear es un pasivo, y este es un canje que te conviene que ocurra.

La regla de oro es la mezcla. El catálogo de premios no puede ser una lista de lo que no se vende, porque en dos meses los miembros lo leen así y dejan de mirarlo. El producto parado tiene que convivir con premios que la gente quiere de verdad, incluyendo premios que ni siquiera son de tu catálogo, como los electrodomésticos y artículos de hogar que se piden desde la app y llegan a la casa del miembro sin que vos gestiones stock ni envíos.

El umbral de carrito, para colocarlo como agregado

Sumás un producto parado a partir de cierto monto de compra. No es un cupón, no hay código que circule por grupos de descuentos, y el beneficio se muestra dentro del carrito cuando la persona está a poco de llegar al umbral.

Esta palanca hace dos cosas a la vez que ninguna otra hace: mueve las unidades y te sube el ticket promedio, porque el que está en dos tercios del umbral agrega algo para llegar. Es especialmente eficiente con productos chicos y de buen margen que solos no se venden pero como agregado se llevan sin pensarlo.

El umbral conviene calcularlo sobre tu ticket promedio real, un veinte o treinta por ciento por encima. Más arriba de eso deja de ser alcanzable y el mensaje se vuelve ruido.

La recomendación dirigida, que es puntería y no volumen

Un producto parado casi nunca le sirve a toda la base. Le sirve a un subconjunto: los que compraron algo complementario, los que ya llevaron esa marca, los que compran esa categoría en esta época del año.

El motor de recomendaciones puede empujar ese artículo específicamente a quienes tienen historial compatible, dentro de la tienda y en las comunicaciones, y medir cuánta facturación se atribuye a esa recomendación. Es la diferencia entre mandarle el producto parado a cuarenta mil personas (que además de no vender, te quema la lista) y mostrárselo a los mil doscientos a los que de verdad les encaja.

Esta palanca no resigna margen. Lo único que gasta es atención, y por eso es la que conviene tener corriendo siempre y no sólo cuando hay un problema de inventario.

El acceso anticipado para los niveles altos

Cuando el precio sí o sí tiene que bajar, hay una forma de que baje sin que el mercado se entere: una venta privada para los miembros de los niveles superiores, con acceso por la app o por un link personal, dos o tres días antes de cualquier acción pública.

El precio bajo existe pero no queda expuesto en el sitio ni indexado en ningún lado, así que el precio de referencia público no se mueve. Y el beneficio se convierte en una razón concreta para estar en el nivel alto, que es el problema que tienen la mayoría de los programas con niveles: que ser VIP no cambia nada.

Bien usada, esta palanca resuelve buena parte del stock antes de que haga falta la liquidación general, y a mejor precio.

A quién le mostrás cada cosa

La misma acción rinde distinto según a quién le llegue, y este es el punto donde el programa se despega de una promoción común. Con la base segmentada por recencia, frecuencia y monto, cada segmento pide una palanca distinta.

A los que más compran y más seguido, el acceso anticipado. Son los que ya vuelven solos, así que no hace falta gastar margen con ellos: lo que valoran es llegar primero, y usarlos como primera ola te dice en cuarenta y ocho horas si el producto se mueve o no.

A los que compraron hace poco y todavía no tienen hábito, el umbral de carrito. Están activos, tienen la marca fresca y son los más sensibles a un agregado que hace que la compra rinda más.

A los que están enfriándose o ya se fueron, el canje o el multiplicador de puntos. Son la gente a la que hay que darle un motivo fuerte para volver, y en ese caso el producto parado deja de ser un problema de inventario y pasa a ser una herramienta de reactivación bastante buena.

Y a los que sólo compran cuando hay descuento, nada de esto. Es el segmento donde la promoción no construye nada, y sacarlos del envío mejora tanto el resultado de la acción como la salud de la lista.

El número que hay que hacer antes de apretar el botón

La comparación correcta no es entre el descuento y el beneficio, sino entre el beneficio y el costo de que ese stock siga en el depósito. Mercadería parada cuesta plata todos los meses: capital inmovilizado, espacio, y una pérdida de valor que en rubros con temporada es rapidísima.

Para la palanca de puntos, el costo real se calcula así: costo = puntos emitidos de más × valor del punto × tasa de canje. Esa última variable es la que casi nadie incluye, y es la que cambia todo: si de tu saldo emitido se canjea, digamos, la mitad, un multiplicador que en el papel parece un diez por ciento de descuento termina costando cerca de un cinco.

Para el canje, el cálculo es todavía mejor: te cuesta el costo del producto, no el precio. Un artículo que vale cien mil en góndola y te costó cuarenta mil se entrega como un premio de cien mil pesos de valor percibido.

El otro número que conviene tener antes de empezar es qué querés que pase después. Mover el stock es la meta obvia, pero la meta real es que esa unidad genere una segunda compra. Por eso vale la pena mirar, a los sesenta o noventa días, cuántos de los que se llevaron el producto parado volvieron a comprar algo a precio lleno. Si ese número es bueno, la acción no fue una liquidación disfrazada: fue una inversión en adquisición interna.

Los cuatro errores que arruinan la jugada

El primero es convertir el programa en un outlet. Si todo lo que aparece con beneficio es lo que no se vende, los miembros aprenden que el programa es el lugar de las sobras, y ahí perdiste una herramienta que servía para muchas otras cosas.

El segundo es usar la palabra liquidación adentro de la comunicación del programa. La misma acción, contada como "esta semana esta categoría acumula el triple", construye; contada como "liquidamos lo que quedó", destruye el precio igual que un descuento, con la diferencia de que encima no le bajaste el precio a nadie.

El tercero es no ponerle fecha de corte a nada. Un beneficio sin final no genera urgencia, no se puede medir contra un antes y un después, y no se puede apagar sin que parezca que se lo sacaste a alguien.

El cuarto es mandarlo a toda la base. Cada envío masivo con un producto que no le interesa al que lo recibe te cuesta un poco de atención que después no vas a tener cuando quieras comunicar un lanzamiento. Es más barato acertarle a mil personas que llegar a cuarenta mil.

Si querés ver cómo se arma esto sobre tu propio catálogo, con tus segmentos y tus números de rotación, agendá una demo y lo miramos con tus datos.

Preguntas frecuentes

¿No es lo mismo dar el triple de puntos que hacer un descuento equivalente?

No, por tres razones. La primera es el costo: los puntos son un beneficio futuro sujeto a canje, así que el costo efectivo es siempre menor al nominal, mientras que el descuento se paga entero y hoy. La segunda es el precio de referencia: el multiplicador no toca el precio de lista, así que nadie recalibra cuánto vale tu producto.

La tercera es la que más importa a mediano plazo: el descuento termina la transacción y los puntos la continúan. El que se llevó puntos tiene un saldo tuyo en la mano y una razón para volver a usarlo, y esa segunda visita es donde el programa recupera lo que resignó.

¿Cuánto stock parado puedo poner en el catálogo de premios sin arruinarlo?

Como criterio práctico, que no supere un tercio de las opciones visibles y que nunca ocupe los premios más deseables. El catálogo tiene que seguir teniendo cosas que la gente quiere de verdad, porque su función principal no es vaciar el depósito sino darle sentido a la acumulación de puntos.

Una forma de que no se note es no armar una sección de productos parados, sino mezclarlos por rango de puntos junto con el resto. Y conviene rotarlos: un premio que lleva seis meses en el mismo lugar sin que nadie lo pida es una señal de que ese producto no se va a mover ni regalado, y ahí el problema es de compras y no del programa.

¿Qué hago con el stock que quedó de una temporada que ya pasó del todo?

Ese es el caso donde el programa acompaña pero no reemplaza a la liquidación. Lo que sí conviene es el orden: primero una venta privada para los niveles altos, dos o tres días antes de cualquier acción pública, con acceso por la app o por un link personal.

En general esa primera ola se lleva una porción importante del stock a mejor precio que la liquidación abierta, porque a los miembros de nivel alto lo que les mueve la aguja no es solamente el precio sino llegar primero. Lo que sobre después va a la liquidación general, y ya con menos volumen y menos urgencia, que es lo que te permite no rifar el resto.

¿Sirve esto si vendo en local físico y no solamente online?

Sirve, y en algunos aspectos rinde más, porque en el local el vendedor puede explicar el beneficio en el momento. La condición es la identificación: si el que compra en caja no queda registrado como miembro, no hay forma de saber quién se llevó qué ni de medir si volvió.

Con identificación por DNI en la caja, la compra del local suma al mismo saldo que la compra online, y el producto parado se puede empujar por los dos canales con la misma mecánica. Eso además te resuelve un problema muy común, que es tener stock detenido en una sucursal mientras en otra se vende bien: si sabés quién compra qué y dónde, la acción se puede dirigir por zona en lugar de aplicarla a toda la red.

En esta nota

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  • canje de mercadería parada
  • rotación de inventario

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