
Cómo escribir los términos y condiciones de tu programa de fidelización

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El reglamento del programa no se escribe para el abogado: se escribe para el día en que un miembro reclama y alguien de atención necesita un lugar donde mirar. Esta guía recorre las cláusulas que no pueden faltar, cómo redactarlas para que se entiendan, dónde vive el documento, cómo se acepta y de qué manera se cambian las reglas sin perder la confianza de la base.
Un miembro junta saldo durante ocho meses, entra a canjear y el premio que quería ya no está. Escribe por WhatsApp, la persona de atención no sabe qué contestar, pregunta al de marketing, el de marketing pregunta al que armó el programa, y la respuesta llega dos días después con un criterio inventado en el momento. La próxima vez que pase lo mismo, el criterio va a ser otro.
Ese es el problema que resuelve el reglamento del programa, y no tiene casi nada que ver con lo legal. Los términos y condiciones son el lugar donde quedan escritas las decisiones que ya tomaste, para que las contesten igual la persona de caja, la de atención y la que responde los comentarios, hoy y en seis meses. Que además te protejan frente a un reclamo formal es una consecuencia, no el motivo.
El otro motivo es interno. Sentarse a escribir el reglamento obliga a resolver cinco o seis preguntas que la mayoría de los programas lanza sin contestar: qué pasa si el cliente devuelve la compra por la que acumuló, quién se queda con el saldo si alguien pide la baja, cuánto avisás antes de cambiar una regla. Si esas preguntas no se contestan por escrito antes del lanzamiento, se contestan improvisando delante del miembro.
Para qué sirve el reglamento en la práctica
Sirve para tres cosas concretas y conviene tenerlas presentes mientras se escribe, porque definen el tono.
La primera es operativa: es el manual del equipo. Cuando alguien pregunta si los puntos de una compra devuelta se descuentan, la respuesta tiene que estar en un documento y no en la cabeza de una persona que puede estar de vacaciones. Un reglamento bien escrito baja el volumen de casos que suben a marketing, que en un programa nuevo es lo que más tiempo consume.
La segunda es de confianza. La gente sabe leer un reglamento hostil, incluso sin leerlo del todo: si arranca con cuatro párrafos sobre las causas por las que le pueden cerrar la cuenta, entiende el mensaje. Un reglamento claro, con ejemplos y sin trampas, es parte de la propuesta del programa. En una categoría donde la sospecha es que los puntos son un truco, el documento es una prueba de lo contrario.
La tercera sí es legal, y es la que menos ocupa. En Argentina un programa de fidelización es una relación de consumo, y las reglas que se comunican a los miembros comprometen a la marca frente a la ley de defensa del consumidor. Nada de esto vuelve al reglamento un texto para especialistas, pero sí conviene que la versión final la mire alguien de legales antes de publicarla.
Las cláusulas que no pueden faltar
Ocho bloques, en este orden. La lógica del orden es que el documento acompañe el recorrido del miembro: primero cómo entra, después cómo suma, después cómo gasta, y al final lo que puede salir mal.
Quién puede ser miembro y cómo se da de alta
Va la edad mínima, si hace falta ser persona humana o si también entran empresas, si el programa vale para todos los canales (local, tienda online, otras sucursales, franquicias) y qué dato identifica a la cuenta.
Ese último punto importa más de lo que parece. Si en el local identificás por DNI, el reglamento tiene que decir que la cuenta es personal y está atada a ese documento, porque de ahí sale la respuesta a las dos preguntas que aparecen siempre: si el saldo se puede transferir a otra persona y qué se hace cuando dos personas de la misma casa quieren compartir puntos.
También conviene aclarar que una persona tiene una sola cuenta. Sin esa frase, cualquier esquema de beneficio de bienvenida es una invitación a darse de alta varias veces.
Cómo se acumula y qué no acumula
Acá va la regla en números, no en adjetivos. Cuántos puntos por cada peso, o cuánto vale un punto al canjear, y con qué redondeo. Si hay categorías que acumulan distinto, la tabla. Si hay un tope por compra o por período, el tope.
Lo que casi siempre falta es la lista de lo que no acumula, y es la que evita el reclamo: el costo de envío, los impuestos si corresponde, la compra de gift cards, los productos con precio regulado o con margen mínimo, lo pagado con saldo del propio programa. Nada de eso es abusivo si está dicho de antemano y es fácil de entender.
Conviene además decir cuándo se acreditan los puntos. Si la acreditación espera a que se cierre el plazo de cambio de la compra, el miembro tiene que saberlo antes y no cuando mira el saldo esa misma tarde.
Qué pasa con las devoluciones, los cambios y las anulaciones
La regla natural es que si la compra se deshace, los puntos que generó también, y eso hay que escribirlo. El caso interesante es el otro: qué se hace cuando el miembro ya canjeó un premio con puntos que venían de una compra que después devolvió.
Las salidas razonables son dos: dejar el saldo en negativo hasta que lo compense con compras nuevas, o descontar del reembolso el valor del premio ya usado. Cualquiera de las dos sirve; lo que no sirve es no haber elegido, porque entonces cada caso se resuelve distinto según quién atienda.
Si hay cambios de producto sin devolución de dinero, aclarar que el saldo no se altera. Es un caso frecuente en indumentaria y en calzado, y genera consultas todas las semanas.
Los canjes, los premios y su disponibilidad
Va cómo se pide un canje, en qué plazo se entrega, si el premio se puede cambiar por dinero (la respuesta habitual es que no) y si un canje se puede deshacer (la respuesta habitual también es que no, y por eso conviene que la pantalla de canje lo diga antes de confirmar).
El catálogo cambia, así que el reglamento no debería listar premios: tiene que decir que el catálogo es variable, que un premio puede dejar de estar disponible y qué pasa con el saldo en ese caso, que es lo único que le importa al miembro (el saldo vuelve a la cuenta y sigue disponible para otro premio).
Si hay premios físicos entregados por un tercero con su propia logística, el documento tiene que decir los plazos y la zona de entrega, y a quién le reclama el miembro si el envío se demora. Es la consulta número uno del catálogo de premios.
El vencimiento del saldo y los avisos
Si el saldo vence, el reglamento dice el plazo, desde cuándo se cuenta (desde que se acreditó cada punto o desde la última compra, que no es lo mismo) y cuántos avisos manda la marca antes.
El aviso previo es la parte que convierte una regla razonable en una regla aceptada. Un vencimiento anunciado con treinta días de anticipación por WhatsApp o por mail se lee como un recordatorio útil, y de hecho suele traer una compra. Un saldo que desaparece sin aviso se lee como una estafa, aunque estuviera escrito.
Si el saldo no vence, también conviene decirlo, porque es un argumento a favor y porque la gente asume que vence.
Los niveles: cómo se sube, cuánto duran y cómo se baja
Los niveles son la parte del programa que más reclamos genera cuando está mal escrita, porque bajar de nivel se vive como una pérdida y no como el fin de un período.
Hacen falta cuatro definiciones: qué se mide para subir (monto, visitas, puntos), sobre qué ventana de tiempo, cuánto se mantiene el nivel una vez alcanzado y qué pasa al cierre del período si el miembro no alcanzó el umbral. La alternativa amable, y la más usada, es bajar un solo nivel por período en lugar de volver al principio.
Conviene decir además si los beneficios del nivel se pierden en el momento de bajar o al final de un plazo de gracia. Es el detalle que decide si el miembro que baja se enoja o entiende.
Los datos y las comunicaciones
Qué datos se piden, para qué se usan, con quién se comparten (la plataforma que opera el programa, por ejemplo) y cómo se piden la corrección o la eliminación. Va con un enlace a la política de privacidad, que es donde vive el detalle.
Y va, por separado, el canal: si el programa se comunica por WhatsApp y por mail, el reglamento tiene que decirlo y explicar cómo se deja de recibir. Un miembro que puede darse de baja de las comunicaciones en un clic reclama menos que uno que tiene que escribir para pedirlo.
Este bloque no es opcional en Argentina, y es el que más conviene que revise legales, sobre todo si el programa cruza datos entre el local y la tienda online.
Uso indebido, baja de la cuenta y cambios en las reglas
El bloque de cierre junta lo que puede salir mal, y por eso conviene que sea el más corto y el más específico. Qué se considera uso indebido (cuentas duplicadas, datos falsos, acumulación sobre compras que no existieron, reventa de premios), qué pasa en ese caso y si hay una instancia para reclamar antes de perder el saldo.
Después, la baja: cómo la pide el miembro, qué pasa con el saldo pendiente (lo habitual es que se pierda, y por eso conviene avisarlo en el momento de la baja y no sólo en el documento) y si puede volver a darse de alta más adelante.
Y por último los cambios en el reglamento: que la marca puede modificarlo, con cuánta anticipación avisa y qué pasa con los saldos y los niveles ya obtenidos. Una frase como "podemos modificar estos términos en cualquier momento y sin aviso" es exactamente la cláusula que conviene no escribir, y de esto habla la sección siguiente.
Cómo se escribe para que alguien lo entienda
El objetivo realista no es que todos lo lean entero: es que quien lo abre con una duda concreta la encuentre en menos de un minuto. Eso se logra con títulos por tema, párrafos cortos y numeración, no con prosa corrida.
Los ejemplos con números hacen la mitad del trabajo. "Un punto por cada cien pesos, y cien puntos equivalen a mil pesos de descuento" se entiende; "la tasa de acumulación y la de canje son definidas por la Marca" no dice nada. Cada vez que una regla se pueda mostrar con una cuenta concreta, va la cuenta.
Tres cosas más que se notan mucho. Usá el mismo vocabulario que usa el programa en la tienda y en la app: si en la tienda dice "tus monedas", el reglamento no puede hablar de "unidades de fidelización". Escribí en presente y en segunda persona, como le habla la marca al resto de su comunicación, no en tercera persona impersonal. Y sacá todo lo que no aplique: los reglamentos copiados de otra marca traen cláusulas sobre canales que no tenés, y esa mezcla es la que después genera el reclamo que nadie sabe contestar.
Una prueba rápida antes de publicarlo: pasale el documento a alguien de caja o de atención con cinco preguntas reales de miembros y mirá si las contesta sin ayuda. Si no las contesta, el problema no es del que lee.
Dónde vive el documento y cómo se acepta
El reglamento tiene que estar en una URL propia, estable y pública, accesible sin haber iniciado sesión, y linkeada desde tres lugares: la pantalla de alta al programa, la página del club dentro de la tienda y el pie del sitio. Un PDF adjunto en un mail no sirve, porque es la versión de ese día y no se puede actualizar.
En el alta va la aceptación, y conviene que sea explícita: una casilla que la persona marca, con el enlace al lado, y no una frase al pie que dice que al registrarse acepta todo. Del lado de la plataforma conviene guardar qué versión del documento aceptó cada miembro y cuándo, porque es lo único que resuelve una discusión sobre las reglas de hace un año.
De ahí sale también la práctica de versionar el documento: número de versión y fecha visibles arriba, y el historial de cambios disponible. Cuesta nada y ordena todo lo demás.
En los programas que operan sobre Loybox esto viene resuelto en dos capas. Hay un documento base común, los términos del club, que cubre qué es el programa, el rol de la plataforma, los datos, el uso indebido, la baja y los cambios; y sobre eso cada marca agrega sus propias reglas, que son las específicas del negocio: cuánto se acumula, qué no acumula, cómo son los niveles, qué pasa con el vencimiento del saldo y cómo se entregan los premios. La marca escribe la parte que sólo ella puede escribir y no tiene que redactar de cero la infraestructura legal del programa.
Cómo se cambian las reglas sin perder la base
Ningún programa mantiene sus reglas iniciales durante tres años. La tasa de acumulación se ajusta, el catálogo cambia, los niveles se rearman. La pregunta no es si vas a cambiar el reglamento, es cómo.
Hay una distinción que conviene tener clara y que casi nunca se hace explícita: los cambios que agregan algo se pueden aplicar el mismo día, y los que quitan algo necesitan aviso previo y no se aplican para atrás. Sumar un nivel nuevo, ampliar el catálogo o agregar una categoría que acumula más no requiere ninguna ceremonia. Bajar la tasa de acumulación, acortar el vencimiento del saldo o subir el umbral de un nivel sí, y ahí van treinta días de aviso como mínimo, por el canal por el que ese miembro suele leer.
Lo que ya está en la cuenta se respeta. El saldo acumulado con la regla vieja se canjea con la regla vieja, y el nivel alcanzado se mantiene hasta el final de su período. Cambiar el valor de lo que la gente ya juntó es la manera más rápida que existe de vaciar un programa, y no se compensa con ninguna comunicación.
El aviso conviene que explique el motivo en una línea y que venga con algo a favor. "Desde el 1 de octubre la acumulación pasa a ser de un punto cada ciento cincuenta pesos, tu saldo actual no se toca, y hasta esa fecha seguís acumulando con la regla anterior" es un mensaje que se acepta. Un cambio silencioso que el miembro descubre solo, en su próxima compra, se lee como una traición aunque el reglamento habilitara el cambio.
Las cláusulas que traen el problema que querían evitar
Hay un puñado que aparece en casi todos los reglamentos copiados y que conviene sacar.
- "La marca puede modificar o cancelar el programa en cualquier momento y sin previo aviso." Suena a protección y es lo contrario: le dice al miembro que lo que está juntando no vale nada, y frente a un reclamo de consumo una cláusula así es difícil de sostener.
- "Los puntos vencen el 31 de diciembre." Un vencimiento colectivo castiga justo al que se sumó en noviembre. El vencimiento se cuenta desde cada acreditación o desde la última compra, no en una fecha del calendario igual para todos.
- Reglas escritas en porcentajes que después no coinciden con lo que muestra la tienda. Si el reglamento dice cinco por ciento y la pantalla del carrito muestra otro número, la discusión ya está perdida.
- Excepciones que aparecen sólo en el reglamento y no en la comunicación. Si el envío no acumula, eso tiene que estar visible en el momento de la compra y no enterrado en la cláusula nueve.
- Un documento sin fecha ni versión. Sin eso, no hay forma de discutir qué reglas estaban vigentes cuando el miembro acumuló.
El criterio general para revisar el borrador es simple: si una cláusula sólo se sostiene porque nadie la va a leer, hay que reescribirla. Lo que no aguanta ser dicho en voz alta en el mostrador tampoco aguanta un reclamo.
Preguntas frecuentes
¿Los términos y condiciones del programa los tiene que revisar un abogado?
La redacción no hace falta que salga de legales, y de hecho suele salir mejor si la escribe quien diseñó el programa, porque conoce las reglas de verdad. La revisión final sí conviene que la haga alguien de legales, sobre todo los bloques de datos personales, comunicaciones comerciales y cambios en las reglas, que son los que tocan la ley de defensa del consumidor y la normativa de protección de datos.
El orden que funciona es escribir primero el documento completo en lenguaje simple, con las reglas ya decididas, y recién después pasarlo a revisión. Al revés, lo habitual es terminar con un texto correcto que no describe el programa que realmente lanzaste.
¿Puedo cambiar las reglas del programa después de lanzarlo?
Sí, y vas a tener que hacerlo. La distinción práctica es entre los cambios que agregan y los que quitan. Los que agregan (un nivel nuevo, más premios, una categoría que acumula más) se aplican cuando quieras. Los que quitan (menos acumulación, vencimiento más corto, umbrales más altos) van con aviso previo, treinta días como mínimo, y sin efecto sobre lo ya acumulado.
El saldo y el nivel que el miembro ya tiene se respetan con las reglas con las que los consiguió. Ese es el límite que conviene no cruzar nunca, porque es el que sostiene la idea de que juntar puntos en tu programa sirve para algo.
¿Qué pasa si un miembro canjea un premio y después devuelve la compra que le dio esos puntos?
Es el caso que más conviene tener resuelto por escrito antes de lanzar, porque cuando aparece siempre es incómodo. Las dos salidas razonables son dejar la cuenta con saldo negativo, que se compensa con las compras siguientes, o descontar del reembolso el valor del premio que ya se usó.
Cualquiera de las dos funciona si está escrita y si la persona de atención la conoce. Lo que genera el problema es improvisar, porque el primer caso resuelto de una manera se convierte en el criterio que el miembro siguiente va a reclamar.
¿Hace falta un documento aparte o alcanza con una sección de preguntas frecuentes?
Hacen falta las dos cosas y cumplen funciones distintas. Las preguntas frecuentes están para que el miembro entienda el programa antes de sumarse, con ejemplos y en pocas líneas. El reglamento está para resolver el caso puntual cuando hay un desacuerdo, y por eso necesita ser exhaustivo, tener fecha y versión, y vivir en una URL propia.
Lo que no puede pasar es que digan cosas distintas. Cada vez que cambia una regla, se actualizan los dos, y el reglamento es el que manda.
En esta nota
- Guía
- términos y condiciones
- reglamento del programa
- letra chica
- cambio de reglas
- aceptación del alta




