Caso

Programa de lealtad para rosticerías y comida para llevar: cómo ser la cena resuelta de toda la semana

Una charola de empanadas recién horneadas, con el borde dorado, acomodadas una al lado de la otra

7 min de lectura

A la rosticería se va cuando no hay ganas de cocinar, y esa decisión se toma a último momento, camino a casa. Este artículo explica cómo armar un programa de lealtad que convierta la compra de prisa en costumbre y que tenga lleno también el mediodía del domingo.

Una rosticería no compite con el restaurante de la esquina: compite con el refrigerador de cada casa. El cliente entra cuando no tiene ganas o tiempo de cocinar, casi siempre a la salida del trabajo, y elige la que le queda de camino.

Esa elección se hace muchas veces por semana, y cada vez está en juego. El cliente puede comprar en la tuya el lunes y en otra el miércoles sin pensarlo, porque nada lo ata a ninguna. Y como paga en el mostrador y se va con su comida, la rosticería casi nunca sabe quién es, cuántas veces vino ni cuándo dejó de venir.

Un programa de lealtad sirve para cambiar eso: que la compra de prisa empiece a quedar registrada, que quien viene seguido tenga algo que perder si cambia y que la rosticería pueda hablarle antes de que se tome la decisión del día.

Cómo se compra en una rosticería

La compra es frecuente, de ticket moderado y decidida tarde. El grueso pasa en dos franjas: el mediodía, con la gente que trabaja cerca, y la última hora de la tarde, con la que vuelve a su casa. Muchas veces la decisión se toma en la calle, mirando qué hay en el aparador.

La semana tiene su propio ritmo. De lunes a viernes la rosticería resuelve cenas de todos los días; el domingo al mediodía cambia de papel y se vuelve la comida familiar, con pedidos más grandes, pastas, pollo y empanadas por docena.

Y el menú cambia: hay un menú del día, platillos que salen sólo ciertos días y cosas que se terminan temprano. Eso, que parece un problema, es una razón para que el cliente quiera enterarse antes de salir.

Quiénes compran

El de todos los días vive o trabaja cerca y resuelve la cena aquí varias veces por semana. Es el que más vale y el que más fácil se va: basta con que abra otra rosticería a una cuadra.

La familia del domingo viene una vez por semana, compra mucho y suele pedir lo mismo. Es la base del fin de semana y conviene que reserve o encargue para no quedarse sin lo que vino a buscar.

El del mediodía trabaja en la zona, compra algo para comer en la oficina y tiene poco tiempo. Le importa que sea rápido y que haya variedad entre un día y otro.

Quien encarga para un evento pide charolas, empanadas o tartas para una reunión o un cumpleaños. Viene pocas veces al año, pero con pedidos grandes, y es quien pone tu comida frente a mucha gente.

Las mecánicas que le funcionan a una rosticería

Identificación con el documento de identidad en la caja, sin frenar la fila

En la hora pico la fila es larga y nadie quiere un trámite más. Con una app de lealtad con la marca de la rosticería, al miembro se lo identifica con su documento de identidad en la caja: lo dice al pagar y la compra queda registrada a su nombre, sin tarjeta ni código que buscar en el teléfono.

Lo mismo vale para el pedido que se encarga por teléfono o por mensaje y se recoge en el local: el documento se pide al cobrar. Así quien encarga para el domingo también suma, aunque no haya hecho la fila.

Puntos por frecuencia, no sólo por monto

En una rosticería lo valioso es la cantidad de veces que alguien vuelve en la semana, más que el tamaño de cada compra. Premiar sólo por monto le da casi todo a la familia del domingo y deja con poco a quien viene cuatro veces por semana.

Un bono por cantidad de visitas en el mes, o una racha por volver varias semanas seguidas, equilibra eso y le pone un costo concreto a probar la rosticería de enfrente un martes cualquiera.

El menú del día a los miembros, antes de que decidan

El momento en que se gana la cena es antes de que el cliente salga del trabajo. Un mensaje corto a los miembros con lo que hay ese día, a la hora en que todavía no decidieron, compite con el refrigerador en el único momento en que se puede competir.

Conviene que sea útil y no una promoción: qué platillos salieron, qué se termina temprano, si hay algo que vuelve después de un tiempo. Y que vaya sólo a quien quiere recibirlo, con la frecuencia que esa persona tolera, porque un mensaje diario a quien no lo pidió termina en una baja.

Premios que se suman a la próxima compra

El premio que mejor funciona es el que se lleva en la próxima compra: una porción de guarnición, un postre, empanadas o la bebida. Cuesta poco frente a lo que vale para el cliente y para cobrarlo hay que volver.

Para la familia del domingo, el premio puede ser otro: reservar su pedido sin hacer fila o tener apartado el platillo que siempre se termina primero. No cuesta nada y le resuelve el problema que más le molesta.

Quien encarga para un evento como canal de referidos

En la reunión o el cumpleaños, la comida de tu rosticería la prueban veinte personas que viven cerca. Si quien encargó es miembro y gana algo por traer gente nueva al programa, cada evento puede sumar clientes que ya saben cómo cocinas.

El referido funciona mejor si el premio es para los dos: para quien invita y para quien se suma. Así quien probó las empanadas en la reunión tiene un motivo para pasar por el local la semana siguiente, y para identificarse cuando lo hace.

Y a quien encarga conviene reconocerlo aparte. No viene seguido, pero cuando viene, compra mucho, y un beneficio pensado para su próximo encargo vale más para él que cualquier punto suelto.

Darse cuenta a tiempo de quién dejó de venir

En una rosticería el cliente no se despide: un día deja de entrar. Se mudó, cambió de trabajo, abrió otra en su cuadra o simplemente se cansó del menú. Sin un registro, la rosticería se entera cuando ya pasaron meses.

Con las compras a nombre de cada miembro, se ve quién venía varias veces por semana y lleva dos semanas sin aparecer. Ese es el momento de escribirle, con su saldo de puntos o con algo para la próxima compra, cuando todavía hay una costumbre que recuperar.

Preguntas frecuentes

¿Sirve un programa de lealtad en una rosticería?

Sirve, porque es un negocio de visita muy frecuente donde el cliente cambia de lugar sin pensarlo. El programa registra cada compra a nombre del miembro, le da un motivo para volver a la misma rosticería y le permite al local darse cuenta a tiempo de quién dejó de venir.

¿Cómo identifico al cliente sin hacer más lenta la fila?

Con identificación por documento de identidad en la caja: el miembro dice su número al pagar y la compra queda registrada a su nombre. No hay tarjeta que buscar ni código que escanear, y sirve igual para quien encargó por teléfono y recoge en el local.

¿Qué premios funcionan en una rosticería?

Los que se suman a la próxima compra, como una guarnición, un postre, empanadas o la bebida, y los que le ahorran tiempo al cliente, como reservar su pedido del domingo o tener apartado el platillo que se termina primero. Cuestan poco frente a lo que valen para quien los recibe.

¿Conviene enviar el menú del día por WhatsApp?

Conviene a los miembros que quieran recibirlo, a la hora en que todavía no decidieron qué cenar. El mensaje tiene que ser útil, con lo que hay ese día y lo que se termina temprano, y no una promoción diaria. Si a alguien le llega algo que no pidió, termina dándose de baja.

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