Estrategia

Cómo manejar las devoluciones de tu tienda online sin perder al cliente

Una persona sentada en el piso de su casa frente a una caja de cartón abierta con papel de embalaje

8 min de lectura

Una devolución es el único momento en que una tienda online paga dos fletes, reingresa un producto y pierde la venta, todo al mismo tiempo. La mayoría lo trata como un problema de logística y ahí se le va también el cliente. Con el programa de fidelización adelante, esa misma devolución se puede resolver como un cambio, un saldo a favor y una segunda compra.

Llega el pedido, no era lo que la persona esperaba y escribe para devolverlo. A partir de ahí, en la mayoría de las tiendas, el asunto pasa a ser un trámite: se le explica el procedimiento, se coordina el retiro, se revisa el producto, se reingresa al stock y se devuelve la plata. Diez días después la operación está cerrada, la tienda perdió los dos fletes y el margen del pedido, y esa persona no vuelve a comprar nunca más.

Lo llamativo es que la devolución es uno de los pocos momentos del ciclo donde el comprador está prestando atención de verdad y esperando algo de la marca. Está incómodo, tiene una expectativa baja y cualquier cosa que salga bien se le queda grabada. Es exactamente la situación inversa a un mail de promoción, que llega cuando a nadie le importa.

La devolución no se evita: se conduce. Y la diferencia entre una tienda donde el que devuelve se va y una donde el que devuelve vuelve a comprar no está en la logística, que suele ser la misma. Está en qué se le ofrece antes del reembolso, en cómo se le habla mientras el paquete viaja de vuelta y en si esa persona queda dentro o fuera del club cuando termina el proceso.

Lo que cuesta de verdad una devolución

La cuenta que suele hacerse es incompleta. Están el flete de ida, el de vuelta, la revisión, el reacondicionamiento si hace falta y el reingreso al stock, que en productos de temporada muchas veces vuelve a un precio más bajo del que salió. Sobre pedidos de ticket bajo, todo eso puede superar el margen del pedido original, así que la devolución no es una venta que se cae: es una venta que sale negativa.

Falta la parte más cara: el cliente. Si esa persona compraba dos veces por año y no vuelve, lo que se perdió no es el margen de un pedido sino el de todos los que iban a venir. Medido así, la devolución es uno de los peores puntos de fuga que tiene un ecommerce, y casi ninguna tienda lo tiene medido.

Conviene separar dos tipos de devolución, porque se responden distinto. Cuando la culpa es de la tienda (llegó roto, llegó el producto equivocado, llegó tarde) el objetivo es que la persona termine el proceso pensando que la marca se hizo cargo, y ahí conviene ser generoso, porque estás comprando barato una recomendación. Cuando la culpa no es de nadie (no me gustó, el talle, cambié de idea) el objetivo es distinto: retener la venta, ofreciendo el cambio o el saldo antes que la plata de vuelta.

Y hay un tercer caso que conviene mirar aparte: el producto que genera devoluciones sistemáticamente. Ahí no hay política de posventa que alcance, porque el problema está en la ficha, en la foto, en la guía de talles o en el proveedor.

La jerarquía: cambio, saldo a favor y recién después reembolso

Toda la estrategia de devoluciones cabe en un orden de tres opciones, y el error más común es ofrecer la tercera de entrada porque es la que menos discusión genera.

El cambio por otro producto es la mejor salida para los dos. La tienda conserva la venta y el comprador se queda con algo que sí quería. Para que ocurra hay que hacerlo fácil y decirlo primero: un cambio en un paso, con el envío del reemplazo ya en camino, gana contra un reembolso que tarda diez días. Si además le mostrás las tres alternativas más parecidas a lo que devolvió, en lugar de mandarlo al catálogo entero, la conversión del cambio sube bastante.

El saldo a favor es la segunda opción, y funciona cuando el comprador no encontró un reemplazo hoy. Acreditarlo en la cuenta del club, disponible al instante y sin fecha corta de vencimiento, convierte una salida de caja en una compra futura. Muchas tiendas le suman un plus para que sea claramente mejor que el efectivo, por ejemplo un diez por ciento más de valor si lo toma en saldo: sigue costando menos que el reembolso completo, porque una parte de ese saldo termina en un pedido más grande.

El reembolso es la tercera, y no se discute. Si la persona quiere la plata de vuelta, se le devuelve: el saldo y el cambio se ofrecen, nunca se imponen. Poner trabas ahí es la forma más rápida de convertir una devolución en un reclamo público, que cuesta bastante más que el reembolso, y de perder a alguien que todavía se podía quedar.

La regla práctica es simple: ofrecé las tres, en ese orden, en el mismo mensaje. La mayoría de la gente elige la primera que le resuelve el problema.

Lo que cambia cuando la devolución pasa por el programa

Una tienda sin programa sólo puede devolver plata. Una tienda con programa puede devolver valor y quedarse con la relación. La diferencia no es la logística: es tener una cuenta donde dejarle algo a esa persona y un canal por el cual seguir hablándole después.

El saldo a favor es el primer ejemplo. Acreditado en la cuenta del club, aparece solo en el próximo carrito, se ve al lado de los puntos que ya tenía y no depende de que nadie encuentre un mail viejo. Un cupón por correo se pierde en dos días; un saldo en la cuenta espera ahí y, cuando la persona vuelve, ya tiene más de lo que recordaba.

El segundo es lo que se le dice sobre lo acumulado. El que devuelve tiene la sensación de estar volviendo a cero, y eso es justo lo que empuja a probar otra tienda. Que el mensaje de la devolución aclare que los puntos de las compras anteriores siguen ahí, y que el nivel no se pierde por haber devuelto algo, cambia bastante el tono de la conversación: la relación no se rompió, se rompió un pedido.

El tercero es usar los niveles como política de posventa en lugar de tener una regla única. El retiro sin cargo, el cambio con el reemplazo despachado antes de recibir el paquete de vuelta y la atención prioritaria son beneficios de servicio, no descuentos: cuestan poco porque los usa poca gente, valen mucho porque sacan el miedo a comprar algo que no se puede probar, y le dan al nivel un sentido que se nota en el peor momento y no sólo en la promoción del mes.

Y el cuarto es el contexto. Con el comprador identificado como miembro, la devolución deja de ser un caso suelto: se sabe cuántas veces compró, cuánto hace, qué devolvió antes y en qué segmento está. La misma situación se contesta distinto si es alguien que compra todos los meses o alguien que compró una vez hace un año y nunca volvió, y esa lectura es lo que permite ser generoso donde compra retención y prudente donde no.

Ese dato además sirve después. La devolución queda en la ficha del miembro, así que el equipo de atención abre la próxima conversación sabiendo qué pasó, y las recomendaciones dejan de ofrecerle una y otra vez el producto que devolvió, que es una de las formas más rápidas de que alguien se dé de baja de las comunicaciones.

No todos los que devuelven son el mismo cliente

Sin datos, una tienda tiene una sola política de devoluciones y se la aplica igual al que compró doce veces y al que compró una. Con el programa adelante, la devolución se puede leer en contexto, y eso cambia la respuesta.

El miembro frecuente que devuelve una vez es tu mejor cliente teniendo un mal día. Ahí conviene resolver rápido y sin fricción: retiro sin cargo, saldo acreditado antes de que el paquete llegue al depósito, cero interrogatorio. Es la clase de gesto que después aparece en una reseña y en una recomendación, y el costo de esa devolución es una fracción de lo que esa persona factura al año.

El comprador de una sola compra que devuelve es otro caso. No hay historia sobre la que apoyarse, así que el objetivo es más modesto: que el proceso sea correcto y que termine con esa persona dada de alta en el club y con un saldo esperándola. Es la única forma de que esa relación no muera en la primera transacción.

El que devuelve una porción alta de todo lo que compra existe en cualquier tienda con volumen y no conviene ignorarlo. No hace falta ninguna política agresiva: alcanza con no darle los beneficios discrecionales (el retiro sin cargo, el cambio con envío adelantado) y con que las condiciones estén escritas en las reglas del programa. Una tienda que le paga la logística inversa sin límite a quien devuelve la mitad de sus pedidos está financiando un probador a domicilio.

La distinción no es un juicio moral sobre nadie: es dejar de gastar el presupuesto de posventa por igual en todos y empezar a gastarlo donde compra retención.

Los mensajes que van, y el que no

Mientras la devolución está en curso, el comprador está a ciegas: mandó el paquete y no sabe si llegó, si lo aceptaron, ni cuándo va a ver la plata. Ese silencio es lo que genera la mitad de los mensajes a atención y casi todo el enojo.

Cuatro avisos por WhatsApp o por mail lo resuelven: la confirmación de que el pedido de devolución se registró y qué pasa después, el aviso de que el paquete se retiró o se recibió, la confirmación de que se aprobó y en qué forma se resuelve, y el mensaje final con el saldo acreditado o el reembolso enviado. Son los mismos avisos que una tienda ya manda para el envío de ida, sólo que en el otro sentido.

El cuarto mensaje es el importante, porque es donde se decide si hay una segunda compra: el saldo acreditado tiene que llegar con una razón concreta para usarlo, y lo que mejor funciona no es un cupón sino mostrarle dos o tres productos parecidos al que devolvió, que es lo que esa persona estaba buscando.

El mensaje que no va en ese momento es el pedido de reseña. Pedirle una opinión a alguien que acaba de devolver un producto es la forma más eficiente de conseguir una mala calificación pública por algo que la tienda ya resolvió bien. Si el proceso salió bien, la reseña se pide después, cuando esa persona vuelve a comprar y se queda con lo que compró.

Bajar la tasa de devolución antes de que ocurra

La mejor política de devoluciones es la que se usa menos, y para eso hay dos palancas que dependen de datos que la tienda ya tiene.

La primera es la información en la ficha del producto. Las reseñas de otros compradores, con la foto real y el comentario sobre el calce o el tamaño, bajan la devolución más que cualquier descripción escrita por la marca, porque contestan justo la duda que genera el error de compra. En categorías donde el talle es el problema, un comentario de alguien que dice qué medida usa vale más que una tabla.

La segunda es usar el motivo de devolución como dato y no como campo de un formulario. Si un producto acumula devoluciones por el mismo motivo, hay algo que arreglar: la foto miente sobre el color, la medida está mal cargada, el packaging no aguanta el transporte o el proveedor mandó un lote distinto. Ese informe, mirado una vez por mes, suele encontrar tres o cuatro productos que explican una porción grande del total.

Conviene además mirar la devolución por canal y por campaña. Un aviso que trae mucho volumen y devuelve el doble que el promedio no está trayendo compradores: está trayendo pedidos que van a volver, y el costo real de esa campaña es bastante más alto del que muestra el tablero.

Los números que dicen si la posventa está funcionando

Son cuatro y ninguno necesita una herramienta nueva.

La tasa de devolución por producto y por categoría, que es donde aparecen los casos a corregir. El promedio general de la tienda sirve para poco: lo que sirve es la lista de los diez productos que más devuelven.

La proporción de devoluciones que se resuelven con cambio o con saldo en lugar de reembolso. Es la métrica que mide si la jerarquía está bien puesta, y la que se puede mover en semanas con sólo cambiar el orden en que se ofrecen las opciones.

La recompra de los que devolvieron, comparada con la de los que no. Es el número que dice si la posventa está retenido o expulsando gente, y casi ninguna tienda lo tiene. Cuando la brecha es grande, la devolución es un punto de fuga y no un problema de logística.

Y el costo total por devolución, con los dos fletes, la manipulación y la pérdida de valor del producto que vuelve. Sirve para decidir con criterio dos cosas: cuándo conviene no pedir el producto de vuelta, que en artículos de bajo valor suele ser más barato que la logística inversa, y cuánto se puede gastar en el plus del saldo a favor sin perder plata.

Preguntas frecuentes

¿Puedo ofrecer saldo a favor en lugar de devolver el dinero?

Ofrecerlo, sí, y conviene, porque a mucha gente le sirve más un saldo disponible al instante que un reembolso que tarda días. Imponerlo, no: si la persona pide la plata de vuelta, se le devuelve, y cualquier intento de forzar el saldo termina en un reclamo que cuesta más que la venta que estabas tratando de salvar.

La forma que funciona es mostrar las tres opciones juntas y hacer que el saldo sea claramente la más atractiva: disponible en el momento, con un plus sobre el valor devuelto y sin un vencimiento corto. La mayoría elige eso sin que nadie tenga que negociar nada, y la venta queda en la tienda.

¿El envío de la devolución lo tengo que pagar yo?

Cuando el error es de la tienda (producto equivocado, roto, o distinto de lo publicado) sí, sin discusión, y conviene que se resuelva sin que la persona tenga que pedirlo. Cuando el motivo es del comprador, es una decisión comercial y ahí el programa ayuda a tomarla con criterio en lugar de tener una regla única.

Lo que se ve funcionar bien es usarlo como beneficio: los miembros de los niveles altos tienen el retiro sin cargo, y para el resto hay un costo o un mínimo de pedido. Es un beneficio que casi no se usa, así que cuesta poco, y en la percepción vale bastante porque saca la principal fricción de comprar algo que no se puede probar.

¿Qué hago con alguien que devuelve casi todo lo que compra?

Primero conviene mirar si el problema es esa persona o son los productos que compra: si devuelve siempre la misma categoría, y no es la única que lo hace, el que está mal es el producto.

Si el patrón es individual, alcanza con dejar de darle los beneficios discrecionales, que son los que salen plata: el retiro sin cargo, el cambio con envío adelantado, el saldo acreditado antes de recibir el paquete. Nada de eso requiere una conversación incómoda ni cerrarle la cuenta, y con las condiciones escritas en las reglas del programa, la política se sostiene sola.

¿Le saco los puntos de una compra que se devolvió?

Sí, y la regla tiene que estar escrita antes de que pase: si la compra se deshace, los puntos que generó también. Lo contrario deja al programa pagando por pedidos que nunca existieron.

El caso que hay que decidir de antemano es el otro, cuando la persona ya canjeó un premio con esos puntos. Las dos salidas razonables son dejar la cuenta en negativo hasta que se compense con compras nuevas, o descontar del reembolso el valor de lo que ya se usó. Cualquiera sirve; lo que genera el problema es improvisar, porque el primer caso resuelto de una manera se convierte en el criterio que va a reclamar el siguiente.

Un detalle que ordena todo esto: si los puntos se acreditan cuando termina el plazo de cambio y no en el momento de la compra, la mayoría de estas situaciones no llega a ocurrir.

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  • devoluciones
  • saldo a favor
  • logística inversa
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