
Cómo fidelizar clientes si en tu tienda online el que compra no es el que usa el producto

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En muchas tiendas online la persona que paga no es la que usa lo que compra: la madre que compra para los chicos, el hijo que compra para su papá, el que regala. Un programa de fidelización pensado para un solo comprador le habla mal a los dos. Esta nota es cómo armarlo cuando la compra es para otro.
Hay tiendas donde casi nadie compra para sí mismo. La que vende ropa de bebé le vende a madres, padres y abuelas. La de alimento para mascotas le vende a dueños, y el que come es otro. La de productos para adultos mayores le vende muchas veces a los hijos. Y cualquier tienda con buen catálogo de regalos tiene una parte de su facturación que va a parar a manos de gente que nunca entró al sitio.
El problema es que el programa de fidelización suele estar pensado para una sola persona que compra y usa a la vez. Le recomienda productos según lo que "le gustó", le pide una reseña de algo que no probó, le festeja el cumpleaños con un premio que no tiene nada que ver con lo que compra, y la da por perdida cuando pasan tres meses sin pedidos, aunque esté esperando la próxima fecha para volver.
Nada de eso es grave por separado. Junto, hace que el club se sienta escrito para otra persona, que es exactamente lo que es.
Los tres casos, que no se fidelizan igual
"Compra para otro" agrupa situaciones que se comportan muy distinto, y conviene separarlas antes de tocar una sola regla del programa.
El que compra para alguien a su cargo. Los hijos, un padre mayor, la mascota. Es una compra recurrente, a veces muy recurrente, y quien decide es el que paga. Lo que cambia con el tiempo es el usuario: el chico crece y cambia de talle, la mascota pasa de cachorro a adulta, la necesidad del padre se modifica. El ritmo de recompra lo marca el consumo de otra persona.
El que compra para regalar. Compra de vez en cuando, casi siempre atado a una fecha (un cumpleaños, un aniversario, las fiestas), y el destinatario puede ser distinto cada vez. Su ritmo no lo marca el consumo sino el calendario.
El que compra para la casa. Un solo comprador y varios usuarios: la familia, los compañeros de un departamento, la oficina chica. Se parece al primero, pero el consumo es la suma de varios y es más estable.
Una misma persona puede estar en los tres casos en distintos pedidos. Lo que importa es que el programa no trate a todos los pedidos como si fueran del mismo tipo.
A quién le habla el programa: siempre al que paga
La tentación, cuando se descubre que el usuario es otro, es querer fidelizar al usuario. En la mayoría de los casos no tiene sentido: el chico de tres años no decide dónde se compran sus zapatillas, y el perro no elige la marca de alimento. El miembro del club es el que paga, y los puntos son suyos.
Lo que sí cambia es qué valora esa persona. Quien compra para otro no busca darse un gusto: busca no equivocarse, no quedarse sin stock en el peor momento y resolver rápido. Los beneficios que mejor funcionan con este perfil tienen más que ver con eso que con el descuento: el cambio sin vueltas cuando el talle no fue, el aviso antes de que se termine, el envío prioritario cuando la compra es urgente.
Y en el catálogo de premios conviene que haya de los dos tipos: cosas para el usuario, que es lo que esta persona suele elegir porque es para quien compra siempre, y alguna cosa para ella, que es la que hace que el club se sienta propio y no un trámite más de la casa.
El dato que cambia todo: para quién es
Todo lo que sigue depende de saber, aunque sea a grandes rasgos, para quién es la compra. Y casi siempre ese dato está a una pregunta de distancia.
La pregunta no va en el checkout. Ahí cualquier campo de más es una excusa para abandonar. Va después, cuando la compra ya está hecha y la persona está contenta: en el mensaje de confirmación, en el primer contacto del club o en el momento del canje. "¿Para quién era?" con tres o cuatro opciones resuelve la mayor parte.
Lo mínimo indispensable. Para un chico alcanza con la edad o el talle, no hace falta el nombre ni una foto. Para una mascota, el tamaño y la edad aproximada. Para un regalo, la ocasión. Cada dato tiene que tener un uso claro que la persona entienda, y si no lo tiene, no se pide. Cuando el usuario es un menor, este criterio deja de ser una buena práctica y pasa a ser una obligación de sentido común.
Algunas señales ya están en el pedido. Una dirección de envío con un nombre distinto al del comprador, el envoltorio de regalo, una tarjeta con dedicatoria o una compra puntual en una fecha marcada dicen mucho sin preguntar nada. No reemplazan a la pregunta, pero sirven para no tratar un regalo como una compra para uno mismo.
Los mensajes que funcionan cuando la compra es para otro
La reposición calculada sobre el que consume
En la compra para alguien a cargo, el recordatorio de reposición es el mensaje más útil del programa, y también el que más se equivoca si se calcula mal. Una bolsa de alimento no dura lo mismo con un perro chico que con uno grande, y un paquete de pañales no dura lo mismo a los tres meses que al año.
Con el dato de para quién es, el aviso puede llegar unos días antes de que se termine, que es justo cuando la persona todavía puede elegir dónde comprar. Sin el dato, lo único que queda es el promedio de tu tienda, que le llega tarde a unos y demasiado temprano a otros.
El cambio de etapa antes de que pase
El usuario cambia, y ese cambio es una oportunidad que muy pocas tiendas usan. El chico que pasa al talle siguiente, la mascota que deja de ser cachorro, la etapa nueva que trae otras necesidades. Un mensaje que se adelanta ("en un par de meses le va a quedar chico") vale más que cualquier promoción, porque muestra que la tienda se acuerda de algo que le importa a quien compra.
El recordatorio de la fecha, con permiso
Para el que regala, el mejor mensaje del año es el que le recuerda la fecha antes de que se le venga encima. Pero un "el año pasado le compraste esto a alguien" puede caer muy bien o muy mal, según quién era y qué pasó desde entonces.
Por eso conviene ofrecerlo y no darlo por hecho: al terminar la compra de regalo, una opción para que la tienda le avise el año que viene. El que la acepta va a recibir el mensaje con gusto, y el que no, no recibe nada que lo incomode.
Lo que se desordena si no lo separás
Hay tres cosas del programa que funcionan peor cuando no distinguen entre comprar para sí y comprar para otro, y conviene revisarlas una por una.
Las recomendaciones. Si se arman sobre el historial de compras, un regalo puntual ensucia el perfil: a la persona que le compró una vez un juguete a su sobrino le empiezan a ofrecer juguetes durante meses. Separar los pedidos de regalo, aunque sea con las señales del pedido, mejora lo que se le muestra.
Las reseñas. Pedirle a quien regaló que opine sobre el producto como si lo hubiera usado da respuestas vagas o ninguna. Para este perfil la pregunta funciona mejor si apunta a lo que sí vivió: si llegó a tiempo, si el envoltorio estaba bien, si al otro le gustó.
La segmentación. El que compra para regalar tiene un ritmo de calendario, y en una segmentación por recencia y frecuencia puede aparecer como un cliente que se está yendo cuando en realidad está esperando su próxima fecha. Mandarle una campaña de reactivación a los tres meses es gastar un mensaje y, peor, decirle que no lo conocés.
Cuándo sí conviene invitar al que usa
Hay un caso en el que el usuario sí puede volverse miembro: cuando es un adulto que recibió un regalo y le gustó. Esa persona conoce el producto mejor que nadie y nunca entró a la tienda, así que es un cliente nuevo que llega con la mitad del trabajo hecho.
La forma de llegar a ella es el paquete, porque es lo único de la compra que le llega en la mano. Una tarjeta con una invitación al club y un beneficio para su primera compra, discreta y sin precios a la vista, convierte un regalo en una puerta de entrada. Lo que no conviene es pedirle sus datos al que regaló para escribirle por tu cuenta: esa persona no te dio permiso y el que regaló tampoco lo puede dar por ella.
Preguntas frecuentes
¿Los puntos son del que paga o del que usa el producto?
Del que paga. Es quien decide dónde se compra, quien tiene la cuenta en la tienda y quien va a volver. Fidelizar al usuario sólo tiene sentido cuando además puede decidir la compra, como un adulto que recibió un regalo.
Lo que sí conviene es que el catálogo de premios incluya cosas para el usuario, porque muchas veces el que compra para otro también canjea para otro.
¿Cómo sé si una compra de mi tienda online es para regalo?
Hay señales en el propio pedido: una dirección de envío con otro nombre, el envoltorio de regalo, una tarjeta con dedicatoria o una compra aislada cerca de una fecha marcada. Ninguna es infalible.
La forma más confiable es preguntarlo una vez, después de la compra y con pocas opciones. Con esa respuesta y las señales del pedido alcanza para no tratar un regalo como una compra para uno mismo.
¿Puedo pedir datos de los chicos para quienes compran mis clientes?
Lo prudente es pedir lo mínimo que haga falta para que el mensaje sea útil: la edad o el talle, nunca el nombre completo, una foto ni nada que permita identificar al chico.
Y tiene que quedar claro para qué se usa ese dato. Si no sabés explicar en una oración qué vas a hacer con él, no lo pidas.
¿Qué hago con el cliente que sólo compra para regalar una o dos veces por año?
Tratarlo como lo que es: un cliente de calendario. No le mandes campañas de reactivación a los pocos meses, porque no se está yendo, está esperando su próxima fecha.
Lo que más rinde con este perfil es ofrecerle un aviso para la fecha del año que viene y asegurarte de que su experiencia de regalo sea impecable, porque de eso depende que vuelva a elegirte.
En esta nota
- Estrategia
- el que compra no es el que usa
- comprar para otra persona
- usuario final del producto
- reposición para un tercero




