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Cómo armar un programa de puntos cuando tus usuarios no compran: qué premiar y qué no

Una mujer sentada en un sillón blanco mira su teléfono en un living luminoso con una planta

8 min de lectura

Una billetera virtual, una prepaga, una plataforma de cursos o una app de servicios no tienen una compra a la que sumarle puntos, pero tienen algo más valioso: comportamientos que deciden si el usuario se queda. El programa funciona cuando premia los que se pueden verificar y le importan al negocio, y se rompe cuando premia lo que es fácil de inflar.

Casi todo lo que se escribe sobre fidelización da por sentado que hay una compra: tantos puntos por cada peso gastado, un nivel que se sube por volumen, un canje que se descuenta del ticket. Pero hay muchas empresas cuyo vínculo con la gente no pasa por un carrito. Una billetera virtual, una prepaga, una plataforma de cursos, un banco digital, un servicio por abono: el usuario ya paga una cuota, o no paga nada, y lo que define si se queda es cuánto y cómo usa el producto.

En esos casos la pregunta no es cuántos puntos por peso, sino qué comportamiento vale la pena reconocer. Es más difícil de lo que parece, porque si se contesta mal el programa termina pagando por cosas que la gente hacía igual, o por cosas que se fabrican con un par de toques.

Lo que sigue es cómo elegir esos comportamientos, cómo ponerles un valor cuando no hay un precio de referencia, qué se da a cambio y qué cuidar para que nadie le encuentre la vuelta.

Qué comportamientos merecen puntos

Un comportamiento entra al programa si cumple tres condiciones: le genera valor al negocio, lo podés verificar en tu propio sistema y el usuario no lo haría igual sin el incentivo. Si falla cualquiera de las tres, los puntos son un gasto.

El valor para el negocio es lo primero y lo que más se saltea. En una billetera puede ser pagar con la tarjeta en un comercio o mantener saldo; en una prepaga, hacer el control anual o resolver un trámite desde la app en lugar de llamar; en una plataforma de cursos, terminar un curso y no sólo empezarlo; en un servicio por abono, adherirse al débito automático o completar el perfil que después permite ofrecerle algo mejor. Lo que no vale nada por sí solo, como abrir la app, no debería sumar nunca.

La verificación es lo que separa un programa serio de uno que se puede trampear. Si el evento lo genera tu servidor (el pago se acreditó, el curso se aprobó, el turno se usó), es confiable. Si lo genera el teléfono del usuario (un toque, un video que se dejó corriendo, una pantalla que se abrió), alguien va a encontrar la forma de repetirlo.

La tercera condición es la más incómoda: si el usuario ya hacía eso igual, el programa no cambia nada y paga por lo que ya tenías. Por eso suele rendir más premiar el salto que la costumbre: el primer pago con débito automático, el primer uso en una función nueva, la vuelta después de un mes sin actividad.

Cómo ponerle valor al punto cuando no hay precio

Sin compra no hay un porcentaje de devolución que copiar, así que el valor del punto sale de cuánto vale para vos el comportamiento. Si los usuarios con débito automático se dan de baja mucho menos que los que pagan a mano, esa diferencia de permanencia tiene un valor en plata, y una parte de ese valor es lo que podés pagar en puntos para conseguirla.

La cuenta no tiene que ser exacta, pero tiene que existir. Sin ella, los valores se ponen a ojo, las acciones fáciles terminan pagando lo mismo que las difíciles y el costo del programa se descubre cuando ya hay saldos emitidos que no se pueden bajar.

Con cada acción valuada, la escala se arma para que la diferencia se note: si terminar un curso suma lo mismo que mirar un video, nadie va a terminar el curso por los puntos. Rinden más pocas acciones con valores bien distintos que una lista larga de acciones que suman poquito cada una.

Qué dar a cambio cuando no hay nada que descontar

En una tienda online el canje natural es un descuento en la compra siguiente. Acá no hay compra siguiente, y eso obliga a pensar mejor el catálogo, lo que casi siempre termina siendo una ventaja.

Beneficios dentro de tu propio producto

Es lo primero que conviene mirar, porque suele costar poco y valer mucho. Un mes sin costo de mantenimiento, una función paga habilitada por un tiempo, prioridad en la atención, un límite más alto. El usuario lo valora porque es del producto que ya usa, y a vos te cuesta el margen de algo que ya tenés, no plata que sale.

Acceso y pertenencia

Cuando el vínculo no se mide en compras, lo que más se reconoce es el acceso: contenido que no está abierto a todos, eventos, novedades antes que el resto, un nivel con nombre propio. No tiene costo por unidad y es lo que más separa a un programa de una promoción.

Premios físicos

Un catálogo con algo tangible le da al programa una meta que se puede imaginar. Para que eso no obligue a la empresa a comprar stock ni a coordinar envíos, existen catálogos de premios con la logística resuelta: en el motor de Loybox ese catálogo lo pone Peipe, y el canje, el despacho y el seguimiento quedan de su lado.

Beneficios de terceros

Un descuento en un comercio aliado puede sumar variedad, pero conviene que no sea lo único. Si todo el catálogo es de otras marcas, el usuario termina asociando el programa a ellas y no a la tuya.

Cómo evitar que alguien le encuentre la vuelta

Todo programa sin compras atrae a alguien que va a intentar sumar puntos sin hacer lo que el programa quiere premiar. No hace falta suponer mala fe de la base: alcanza con que una persona lo descubra y lo comparta.

Las defensas son pocas y conviene tenerlas desde el primer día, porque agregarlas después es cambiar las reglas con saldos ya emitidos.

  • Topes por período en cada acción que se puede repetir, por día, por semana o por mes según la frecuencia normal de uso.
  • Puntos que se acreditan cuando la acción se confirma y no cuando se intenta: el pago acreditado y no el iniciado, el curso aprobado y no el abierto.
  • Reversas cuando la acción se deshace, igual que una devolución en una tienda: si el débito automático se dio de baja a la semana, el bono del alta se descuenta.
  • Un mínimo de antigüedad o de actividad antes del primer canje, para que abrir cuentas en serie no rinda.

Y conviene mirar cada tanto cómo se reparten los saldos. Si un grupo chico de cuentas acumula muy por encima del resto en poco tiempo, casi siempre hay una regla mal pensada antes que un usuario excepcional.

Dónde vive todo esto si el producto es tuyo

En un programa sin compras, el producto de la empresa es el único que sabe qué pasó. El pago, el curso terminado, el turno usado: todo eso ocurre en tu sistema, y el programa existe en la medida en que tu sistema se lo cuente al motor. Por eso este tipo de programa casi siempre se arma por API, con la experiencia adentro de tu app y con tu marca adelante.

Sobre el motor de Loybox, cualquier sistema que pueda hacer un request puede sumar puntos y procesar canjes, cada audiencia tiene sus propias reglas de acumulación, su catálogo y sus condiciones de nivel, y los movimientos vuelven a tu sistema por webhooks en el momento en que ocurren. Las reglas y los umbrales se cambian sin tocar tu código, que es lo que permite corregir un valor mal puesto sin esperar un deploy.

Cómo saber si el programa cambia algo

La métrica no son los puntos emitidos ni los usuarios activos en el programa, es el comportamiento que querías mover. Si el objetivo era el débito automático, lo que importa es cuántos lo activaron y cuántos lo mantienen a los tres meses, comparado con un grupo que no recibió el incentivo.

Ese grupo de control pesa todavía más que en una tienda online, porque sin compras no hay un ticket que suba y se pueda mostrar. Si los que están en el programa usan más el producto pero ya lo usaban más antes de entrar, el programa no hizo nada: sólo juntó a los que de todos modos se iban a quedar.

Preguntas frecuentes

¿Se puede tener un programa de puntos si el producto es gratis?

Sí, y a veces es donde más sentido tiene, porque el programa puede premiar justo los comportamientos que llevan al usuario hacia la parte paga o hacia un uso que le deja valor a la empresa. Lo que cambia es el catálogo: sin un precio que descontar, los premios pasan por beneficios del producto, acceso y premios físicos.

¿Conviene dar puntos por abrir la app todos los días?

Casi nunca. Abrir la app no le genera valor a nadie por sí solo, es fácil de fabricar y entrena a la gente a entrar, cobrar y salir. Si lo que interesa es la frecuencia, conviene premiar una racha de uso real, como operaciones hechas o clases terminadas, con un tope por período.

¿Qué pasa con los puntos si un usuario se da de baja del servicio?

Lo decide la empresa, y tiene que estar escrito en los términos del programa antes de lanzarlo. Una opción razonable es que el saldo se pierda con la baja de la cuenta, con un aviso previo y un plazo para canjear lo que haya. Lo que no puede pasar es que la regla aparezca recién cuando alguien pregunta.

¿Sirve el mismo motor para usuarios y para otras audiencias?

Sí, siempre que cada audiencia tenga sus reglas. Sobre el mismo motor se puede reconocer a usuarios, empleados o una red de canales con mecánicas distintas, y lo que se comparte es la infraestructura y la base de perfiles, que es lo que permite cruzar una audiencia con otra.

En esta nota

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  • programa sin compras
  • comportamientos verificables
  • valor del punto
  • tope de acumulación

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