Estrategia

Qué hacer con los miembros que abren todo y no compran nunca

Una persona de pie junto a una ventana mira con atención la pantalla de su teléfono

7 min de lectura

En toda base hay un grupo grande que abre los mensajes, entra a la tienda, mira productos y no compra. No son clientes perdidos ni gente desinteresada: son los que están más cerca de comprar que nadie, y suelen recibir exactamente la misma comunicación que el resto. Esto es por qué se frenan y qué se puede hacer con ellos sin regalar margen.

Todo el mundo mira los inactivos, que son los que compraron una vez y desaparecieron. Casi nadie mira al grupo de al lado, que suele ser más grande y bastante más prometedor: el que abre todos los mensajes, entra a la tienda, mira tres productos y se va sin comprar. Mes tras mes.

Ese comportamiento se suele leer como desinterés y es exactamente lo contrario. Alguien que abre y navega está gastando su atención en la marca, que es lo más escaso que hay. Lo que le falta no son ganas: es que algo del camino se le está trabando, y en general es una sola cosa y siempre la misma.

Lo que sigue es cómo distinguir a ese grupo del resto, cuáles son los tres frenos que aparecen casi siempre, y qué mandarle a cada uno sin usar el atajo de siempre, que es bajar el precio.

Cómo se los reconoce

Son los que tienen mucha actividad y ninguna compra: abren los mensajes, entran a la tienda, a veces llegan a armar un carrito, y en el historial de pedidos no hay nada o hay una sola compra vieja.

En la segmentación por comportamiento caen casi siempre en Potenciales o en Recientes, y es un grupo que se confunde con dos vecinos muy distintos. No son los inactivos, que ya compraron y se fueron, y a los que hay que recordarles algo. Y no son los dormidos, que son los que no abren nada y con los que el problema es de canal, no de compra.

Vale la pena separarlos también por cómo entraron. El que se sumó al club sin haber comprado nunca, por ejemplo desde una campaña o desde el paquete de un regalo que recibió, está en un lugar distinto del que compró una vez hace un año y sigue mirando.

El tamaño de este grupo sorprende cuando se lo cuenta por primera vez, y en una tienda con pauta activa suele ser una porción importante de la base. Es la razón por la que vale el trabajo de mirarlo aparte.

Los tres frenos que aparecen casi siempre

El precio, que casi nunca es el precio

Es el que todos asumen primero y el que menos se confirma. Cuando el freno es realmente el precio, la persona compra en la primera promoción y después desaparece, y eso se ve en el histórico: son los compradores que sólo aparecen con descuento.

Cuando alguien mira durante meses y no compra ni en liquidación, el problema es otro. Bajarle el precio a ese grupo es regalar margen a quien no lo necesitaba y enseñarle al resto a esperar.

La duda concreta que nadie contestó

Es el freno más común y el más barato de resolver. Si le va a quedar bien, si le sirve para lo que tiene, cuánto tarda en llegar, qué pasa si no le gusta, si es compatible con lo que ya tiene.

Se resuelve con información y no con descuento: reseñas de otros compradores en la ficha, la política de cambios explicada sin letra chica, el plazo de entrega real, una conversación abierta. Es el grupo donde una buena respuesta por WhatsApp convierte más que cualquier campaña.

El momento, que todavía no llegó

Una parte de este grupo no tiene ningún freno: simplemente va a comprar dentro de dos meses, cuando se le termine lo que tiene, cuando cambie la temporada o cuando cobre.

Con ellos el trabajo es no gastarlos. Mantener una presencia baja y útil, y estar ahí el día que el momento llegue, vale más que empujarlos ahora. La forma más rápida de perderlos es tratarlos como si estuvieran a punto de comprar todas las semanas.

Qué mandarles, que no es lo mismo que al resto

La comunicación que rinde con este grupo tiene una característica en común: no pide la compra, saca la duda.

Lo que compraron otros parecidos a ellos, con reseñas de gente que lo usó. Para el que duda, la opinión de un comprador vale más que cualquier descripción de la tienda, y una reseña verificada de alguien que compró ese mismo producto es lo más cerca que se puede estar de resolverle el problema.

Contenido de uso y no de catálogo. Cómo se usa, cómo se cuida, qué diferencia hay entre dos opciones parecidas. Es lo que convierte a alguien que mira en alguien que sabe qué quiere.

Y una conversación, no una campaña. Un mensaje corto que pregunta si le quedó alguna duda tiene mejor respuesta que cualquier promoción, porque es lo único que va en la dirección del problema real. Es el lugar donde el equipo de atención rinde más que el de marketing.

El saldo del club juega acá como empujón final y no como argumento inicial: el que ya tiene puntos acumulados por haberse sumado tiene una razón concreta para que la primera compra sea ahora, y no cuesta bajar el precio de lista.

Cuándo conviene dejarlos ir

Esto tiene un límite y conviene tenerlo escrito, porque una base llena de gente que nunca va a comprar tiene un costo real.

El costo no es sólo de envío: es que ensucia todas las métricas. Con ese grupo adentro, las tasas de conversión de cada campaña parecen peores de lo que son y las decisiones se toman sobre números distorsionados.

Un plazo razonable es un año de actividad sin ninguna compra. Antes de dar de baja, conviene un último mensaje honesto que pregunte si quiere seguir recibiendo, que es la forma más limpia de resolverlo: el que contesta que sí vale más que diez que nunca abrieron.

Y a los que se van, se les va bien. Una baja prolija deja la puerta abierta para volver, y hay una parte de esa gente que vuelve a comprar más adelante sin estar en ninguna lista.

Lo importante es que la decisión sea deliberada y no por olvido. Una base que se limpia una vez al año se comunica mejor, se mide mejor y cuesta menos que una que se acumula sola durante cinco.

Preguntas frecuentes

¿Vale la pena tener miembros que nunca compraron?

Vale mientras haya actividad. Alguien que abre y navega está a una duda resuelta de comprar, y en general es más barato convertirlo que traer a un desconocido con pauta.

Deja de valer cuando no hay actividad de ninguna clase durante meses: ahí el costo de tenerlo adentro supera cualquier chance, y conviene depurarlo con un último mensaje de confirmación.

¿Les mando un descuento de primera compra?

Como recurso puntual sirve, y conviene usarlo al final del camino y no al principio, cuando ya se intentó resolver la duda concreta.

El problema del descuento como primera respuesta es doble: le regala margen a gente que quizás iba a comprar igual, y enseña que conviene esperar. Un beneficio del club rinde parecido y no toca el precio de lista.

¿Cómo sé cuál de los tres frenos tiene cada uno?

Preguntando, que suena obvio y casi nadie hace. Un mensaje corto por WhatsApp que pregunta si quedó alguna duda con lo que estaba mirando tiene buena respuesta y da información que ningún reporte muestra.

El resto se deduce del comportamiento: el que arma carritos y no cierra suele tener una duda de envío o de cambio, y el que mira siempre la misma categoría sin comprar está esperando un momento.

¿Cada cuánto conviene escribirle a este grupo?

Menos de lo que se piensa. Como abren todo, la tentación es escribirles más, y es justamente lo que los quema: pasan de mirar con interés a ignorar por costumbre.

Una cadencia más baja que la del resto de la base, con mensajes que resuelven algo en lugar de pedir la compra, funciona mejor y sostiene el canal para el día en que el momento llegue.

En esta nota

  • Estrategia
  • miembros que no compran
  • interés sin pedidos
  • primera compra pendiente
  • limpieza de la base

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