
Cuánto de tu presupuesto de marketing debería ir a retener y no a traer gente nueva

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La reunión de presupuesto de una tienda que ya vende dura poco y siempre trata del mismo tema: cuánto se le pone a la pauta este mes. Retener no entra en esa conversación porque no tiene una factura diaria ni un tablero que se actualice cada hora, así que se financia con lo que sobra. Esto es cómo se compara un pedido comprado con uno que vuelve solo, y cómo queda el reparto cuando la comparación se hace en serio.
La discusión del presupuesto de una tienda que factura bien dura menos de lo que parece. Se mira cómo cerró el mes, se decide cuánto se le pone a la pauta, y si el costo por venta subió se prueba otro creativo. Retener no aparece nunca en esa reunión, y no es por desinterés: es que no tiene una factura que llegue todos los días ni un número que se pueda mover a la mañana y mirar a la tarde.
El resultado es un reparto que en realidad no decidió nadie. La captación se lleva casi todo porque es lo único que se puede subir hoy y ver mañana, y la base propia se sostiene con lo que sobra, que suele ser nada. Lo que sigue es la cuenta que hace falta para decidir eso a propósito, que no termina en un porcentaje mágico sino en saber cuánto podés pagar por un comprador nuevo sin quedarte sin aire.
Por qué retener nunca compite por el presupuesto
La pauta tiene una propiedad que ninguna otra cosa del marketing tiene: devuelve un número por hora. Se sube el presupuesto a la mañana y a la tarde hay más sesiones, más pedidos y un costo por venta para comparar contra ayer. Retener devuelve un número por trimestre. En una discusión entre esos dos, gana el que se mueve, siempre, y no porque alguien lo haya evaluado.
Y hay un segundo motivo, más aburrido y más importante: el gasto de retener está escondido en otras líneas. Los puntos que se acreditan son margen resignado y aparecen en el estado de resultados como descuento, no como marketing. La plataforma está en gastos de sistemas. El tiempo de la persona que mira el programa una vez por semana no está en ningún lado. Un gasto que no tiene línea propia no se puede comparar con uno que tiene tablero.
La consecuencia práctica se ve cuando un mes viene flojo: lo primero que se recorta es lo que no se puede medir esta semana, que es justamente lo único que estaba construyendo la facturación del año que viene.
Los dos costos que hay que poner al lado
Toda la decisión se apoya en dos números, y los dos se suelen calcular mal.
Lo que cuesta traer un comprador nuevo
No es la inversión del mes dividida por los pedidos. Es la inversión dividida por los compradores que nunca te habían comprado antes, que es un número bastante más chico y bastante peor.
La diferencia entre los dos no es un detalle contable. Si una parte de las conversiones que se atribuye la pauta son de gente que ya estaba en tu base y que iba a volver igual, el costo por venta que mirás está inflando el resultado a favor, y con ese número se decide subir el presupuesto. El cálculo honesto se hace una vez por trimestre cruzando los pedidos del período contra el histórico de compradores: cuántos de los que compraron este mes son caras nuevas.
Lo que cuesta un pedido de alguien que ya te compró
Acá el costo tiene dos partes y ninguna es un clic. Una es el mensaje, que por correo o por WhatsApp cuesta centavos y que además va a una persona que dio su consentimiento. La otra son los puntos, que es la parte seria.
Los puntos se calculan así: el porcentaje que das sobre la compra, multiplicado por la proporción que efectivamente se canjea. Si acreditás un cinco por ciento en puntos y se canjea la mitad de lo acreditado, el costo real ronda el dos y medio por ciento de lo que venden los miembros, y no el cinco. Ese número lo tenés que tener escrito en algún lado, porque es el que convierte una discusión de sensaciones en una de plata.
Y tiene una propiedad que la pauta no tiene: se paga después de la venta. El punto se acredita cuando alguien ya compró y cuesta plata recién cuando vuelve a comprar para canjearlo. La pauta se paga antes, entera, y sin garantía de que alguien compre.
Cómo queda el reparto cuando se compara de verdad
La respuesta decepciona a quien esperaba un porcentaje: retener casi no es plata, es margen y es tiempo. Presupuestarlo son tres líneas, y dos de ellas no compiten con la pauta por el mismo peso.
- La plataforma, que es fija, chica y previsible, y se decide una vez al año.
- El margen que resignás en puntos, que es variable y sólo se paga sobre ventas que ya ocurrieron.
- Un rato de una persona por semana, que es el que hace que el programa no se apague.
Por eso la pregunta "qué porcentaje del presupuesto va a retención" está mal formulada. Lo que se decide de verdad es otra cosa: cuánto podés pagar por un comprador nuevo. Una tienda que retiene bien puede pagar más que una que no retiene, porque ese comprador va a dejar más de una compra, y ahí es donde el trabajo sobre la base termina financiando la captación en vez de competirle.
El orden que funciona es: primero se cubre el sostén de la base, que es barato y no se toca cuando el mes viene mal, y todo lo demás va a captación con el techo que salió de la cuenta anterior. No hay ningún trimestre en el que convenga hacerlo al revés.
El gasto de retención más caro es el que no parece gasto
Muchas tiendas creen que no invierten en retención y en realidad invierten muchísimo, sólo que de la peor forma posible: el diez por ciento a todo el mundo, el envío gratis para cualquiera, el cupón de bienvenida que sale en un cartel en la home.
Un descuento general se lo lleva entero el que iba a comprar igual. Se paga en el momento, sobre todas las ventas, y no deja nada atrás: ni un dato, ni un motivo para volver, ni una razón para elegirte la próxima vez que el precio sea parecido. Un punto acumulado hace exactamente lo contrario, porque se paga sólo si la persona vuelve, y la que vuelve para canjear es la que te estaba costando conseguir.
Si querés una sola idea de esta nota para llevarte, es esta: antes de discutir cuánta plata nueva ponerle a retener, mirá cuánta plata vieja se está yendo en descuentos que no distinguen a nadie. En la mayoría de las tiendas, el presupuesto de fidelización ya existe y está mal gastado.
Cuándo mover plata a retener es un error
Vale decirlo, porque el consejo contrario se repite sin condiciones y no siempre es cierto.
Si tu tienda tiene unos pocos cientos de compradores en el histórico, el problema es de tráfico y no de recompra. Un programa multiplica el valor de la gente que ya te compró, y multiplicar algo chico da algo chico. Ahí la plata va a captación, y el programa se arma cuando la base exista.
Si vendés algo que se compra una vez cada varios años, la recompra propia tampoco va a ser el motor. La palanca está en el referido y en lo que hay alrededor del producto principal, y el presupuesto sigue siendo casi todo de captación.
Y el caso que más plata quema: cuando el problema real es el envío, el stock o el producto. Ningún programa arregla una demora de quince días ni una descripción que promete otra cosa. Fidelizar sobre una experiencia mala es pagar para que más gente se entere de que la experiencia es mala.
Cómo se revisa el reparto cada tres meses
Una vez por trimestre alcanza, porque son números que se mueven lento y mirarlos todas las semanas sólo genera ansiedad. Son tres.
- Qué parte de la facturación del trimestre la hicieron personas que ya habían comprado antes, mirado por camada y no como promedio general.
- Cuánto costó un comprador nuevo de verdad, o sea la inversión dividida por caras nuevas y no por pedidos.
- Cuánto margen se fue en puntos canjeados, que es el costo variable de todo esto.
Con esos tres, la discusión del presupuesto cambia de forma: deja de ser cuánto le ponemos a la pauta este mes y pasa a ser cuánto podemos pagar por alguien nuevo, que es una pregunta que se contesta con datos propios y no con el precio del clic que fija otro.
Y para saber si la mejora es del programa y no de la temporada, la única forma seria de compararlo es dejar un grupo sin recibir nada durante el período. Sin eso, un buen trimestre se le puede atribuir a lo que uno quiera.
Preguntas frecuentes
¿Qué porcentaje del presupuesto de marketing debería ir a fidelización?
No hay un porcentaje que sirva de referencia, y buscarlo lleva a la decisión equivocada. Retener casi no se paga en efectivo: se paga en margen resignado sobre ventas que ya ocurrieron, en una plataforma que es un costo fijo chico y en el tiempo de una persona.
La decisión que sí es de porcentaje es otra: cuánto de tus ventas del mes querés que dependa de lo que pautás. Ese número es el que tiene que bajar trimestre a trimestre.
¿Conviene bajarle el presupuesto a la pauta para financiar el programa?
En general no, y suele convenir lo contrario. Una tienda que retiene mejor puede pagar más caro a un comprador nuevo, porque ese comprador deja más de una compra, y eso abre canales donde antes el número no cerraba.
Lo que sí cambia es qué se le pide a la pauta. Deja de tener que sostener la facturación del mes y pasa a alimentar una base que factura una parte sola.
¿Cómo calculo cuánto me cuesta el programa de fidelización?
Son tres cosas sumadas. La plataforma, que es fija. El margen de los puntos, que es el porcentaje que acreditás multiplicado por la proporción que se canjea, y que sólo se paga sobre compras de miembros. Y el tiempo de quien lo revisa cada semana.
La parte grande es la de los puntos, y es la única que crece cuando el programa funciona, porque crece cuando la gente vuelve. Un costo que sube porque están volviendo es un costo distinto a uno que sube porque el clic está más caro.
¿Y si mi tienda todavía es chica?
Si todavía no llegaste a unos cuantos cientos de compradores, el presupuesto va casi entero a traer gente. Lo único que conviene hacer desde el día uno, porque no cuesta plata, es que cada comprador quede identificado y con consentimiento para recibir mensajes.
Esa base es la que hace que el programa rinda cuando llegue el momento de armarlo. Empezar a juntarla tarde es el error más caro y el más común.
En esta nota
- Estrategia
- presupuesto de marketing
- cuánto cuesta retener
- el costo de los puntos
- descuento general




