Caso

Programa de lealtad para restaurantes de comida árabe: cómo convertir el shawarma del mediodía en una costumbre

Un plato blanco con hummus, falafel, pan pita y ensalada de papas sobre una mesa de madera

8 min de lectura

Un restaurante de comida árabe vive del cliente que pasa a buscar su shawarma o su falafel al mediodía, pero casi nunca sabe quién es ni cada cuánto viene. Esta nota explica cómo armar un programa de lealtad para que esa compra rápida se repita, llegue también a la noche y a la mesa del fin de semana, y se note cuando alguien deja de venir.

Un restaurante de comida árabe tiene a su favor algo que pocos negocios tienen: la gente que lo prueba suele quedarse con el antojo. Un buen shawarma, un falafel crujiente o las empanadas árabes de la casa no se consiguen en cualquier esquina, y quien encontró las suyas vuelve. El problema es que vuelve sin dejar rastro: paga, se lleva la bolsa y el negocio no se entera de que es la cuarta vez en el mes.

El trabajo del programa de lealtad aquí es ponerle nombre a esa costumbre y estirarla. Que el cliente del mediodía venga una vez más por semana, que se acuerde del restaurante cuando por la noche pide para la casa, y que el día que deje de venir alguien lo note.

Cómo se compra en un restaurante de comida árabe

La compra más común es rápida, individual y de ticket bajo. Un shawarma, un plato de falafel con hummus o un par de empanadas para comer en el momento o en la oficina. Se decide en pocos segundos, muchas veces de pie frente al mostrador, y lo que pesa es que el negocio quede de camino.

Junto a esa compra hay otras dos con un ritmo distinto. La de la noche, que casi siempre es para llevar o a domicilio y suele ser para más de una persona. Y la del fin de semana, cuando se arma una mesa para compartir con varios platillos al centro, o se pide una bandeja de empanadas para una reunión. El programa tiene que reconocer las tres y, sobre todo, ayudar a que el cliente de una pase a la otra.

Quiénes vienen

El del mediodía trabaja o estudia cerca y busca algo rico, rápido y que llene. Si el restaurante le resuelve la comida, puede venir dos o tres veces por semana, y es el que más visitas deja en el año.

El que no come carne encontró en el falafel, el hummus y las verduras asadas una de las pocas opciones completas de la zona. Es leal a los lugares que lo tratan bien porque no tiene tantos para elegir.

El que compra para la casa aparece por la noche o el fin de semana con un pedido más grande: la docena de empanadas, la bandeja para la familia, los postres para el domingo.

El curioso vino una vez por recomendación y todavía no sabe qué pedir. Si la primera visita sale bien y alguien le da un motivo para volver, puede convertirse en el del mediodía.

Las mecánicas que le funcionan a un restaurante de comida árabe

Identificación por documento en la caja, sin frenar la fila

Al mediodía la fila no espera, así que sumar puntos tiene que tardar lo mismo que decir un número. Con una app de lealtad con la marca del restaurante, al miembro se le identifica por su documento en la caja: lo dice al pagar y la compra queda registrada, sin tarjeta de sellos que se pierde ni código que buscar en el teléfono.

Con eso el negocio empieza a ver lo que hoy no ve: quién viene varias veces por semana, quién viene solo los viernes y quién vino una vez y no volvió.

Una racha para la comida de la semana

El cliente del mediodía ya tiene la costumbre a medio armar: lo que falta es que el restaurante sea su opción fija. Una racha que premia venir varias semanas seguidas, con un premio pequeño cuando se completa, convierte la comida de vez en cuando en la comida de los martes y jueves.

Conviene que la racha se mida por semanas y no por días, porque nadie come en el mismo lugar todos los días y una meta imposible se abandona a la mitad.

Un premio dulce, que es lo que nadie pide

Los postres árabes son lo que muchos clientes del mediodía nunca prueban, porque van con el tiempo justo. Un canje que cambia puntos por una porción de baklava o de otro dulce de la casa le hace conocer al miembro una parte de la carta que no pedía, y muchas veces la empieza a sumar a la compra de la noche o del fin de semana.

Es un premio que le cuesta poco al negocio y se siente generoso, que es la combinación que buscas en un catálogo de canjes.

Puntos extra en la compra para compartir

El salto que más le conviene al restaurante es que el cliente del mediodía también lo elija para la casa. Sumar puntos de más en las bandejas, la docena de empanadas o los pedidos de la noche le da al miembro un motivo para pensar en el restaurante cuando organiza una reunión, y no solo cuando tiene hambre al mediodía.

Funciona mejor si el negocio lo dice donde se decide: en el mostrador, en la carta para llevar y en el mensaje que recibe el miembro después de una compra individual.

Un nivel para el cliente habitual

El que viene tres veces por semana ya es de la casa, y un nivel se lo reconoce sin que nadie tenga que acordarse de su cara. Más puntos por compra, una salsa extra sin costo o probar antes que nadie el platillo nuevo son beneficios que cuestan poco y se valoran mucho.

El nivel tiene que mantenerse viniendo. Así reconoce a quien sigue eligiendo el restaurante y no a quien vino mucho hace un año.

La oficina como canal de referidos

El cliente del mediodía casi nunca viene solo por mucho tiempo: termina trayendo a alguien del trabajo. Ese compañero que se suma es el mejor candidato a miembro, porque ya tiene el restaurante de camino y alguien que se lo recomendó.

La mecánica que mejor funciona es la de beneficio doble: quien invita suma puntos cuando el invitado hace su primera compra como miembro, y el invitado empieza con un premio pequeño, como una bebida con su próxima comida. Así quien trae gente se siente reconocido y quien llega tiene un motivo concreto para volver la semana siguiente.

El cliente que solo pide a domicilio

El que pide por aplicación come la comida del restaurante, pero sus datos quedan en la aplicación. Si el negocio además vende por su propia tienda online, ese mismo cliente suma con la misma cuenta que usa en el mostrador, y el shawarma del mediodía y la bandeja del sábado quedan en el mismo saldo.

Un premio que solo se canjea en el restaurante, o un beneficio para el primer pedido por el canal propio, ayuda a que alguien que conoció el negocio por la aplicación empiece a pedirle directo.

Darse cuenta de quién dejó de venir

El cliente del mediodía que venía dos veces por semana y lleva un mes sin aparecer cambió de trabajo, de horario o de lugar para comer. Detrás del mostrador eso no se nota, porque la fila lo tapa; con las compras identificadas, el programa lo ve a tiempo.

Ahí la segmentación hace el trabajo: los miembros que dejan de venir pasan a otro segmento y reciben un mensaje por WhatsApp o por correo, escrito con la voz del restaurante, con el saldo que tienen, el platillo nuevo de la carta o lo que pueden canjear en la próxima visita. Al que se mudó no lo vas a recuperar para el mediodía, pero puede seguir siendo el de la bandeja del fin de semana.

Preguntas frecuentes

¿Sirve un programa de lealtad en un restaurante de comida árabe con ticket bajo?

Sí, porque lo que deja dinero en este negocio es la frecuencia y no el ticket. Un cliente que pasa de venir una vez por semana a dos duplica lo que deja en el año, y el programa da motivos concretos para eso: rachas, premios pequeños y niveles para el cliente habitual.

¿Cómo sumo puntos sin hacer más lenta la fila del mediodía?

Con identificación por documento en la caja. El miembro dice su número al pagar y la compra queda registrada, sin tarjetas ni códigos. Para quien atiende es un dato más, igual que preguntar si es para comer aquí o para llevar.

¿Qué premios funcionan en un restaurante de comida árabe?

Los que hacen conocer otra parte de la carta, como un postre árabe o una porción extra de hummus, y los que se sienten generosos sin costar mucho, como la bebida con la comida. Para quien compra para la casa, un premio que llega a la mesa compartida funciona mejor que uno individual.

¿Conviene un combo con descuento o dar puntos?

Los puntos suelen convenir más. El combo con descuento baja el precio para cualquiera que entre, también para quien iba a venir de todos modos, y el cliente se acostumbra a ese precio. Los puntos se pagan solo cuando el miembro canjea, y los aprovecha únicamente quien vuelve.

En esta nota

  • Caso
  • programa de lealtad para restaurantes de comida árabe
  • fidelizar clientes de un local de shawarma
  • falafel al mediodía
  • bandeja para compartir

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